Hoy te propongo el 5º de los retos de 2020. Nuestro reto de Mayo. ¿Te sumas?

Estrena mes con la intención de practicar el perdón en tres direcciones: pedir perdón, perdonar a los demás y perdonarte a ti mismo. Todas ellas son vitales para nuestro equilibrio emocional, para nuestras relaciones con los demás y para encontrar la puerta a nuestra paz interior.

¿Qué es el perdón?

Perdonar no es justificar comportamientos improcedentes o inhábiles, sean propios o ajenos. Tampoco implica aprobar o defender conductas que nos duelen, ni hacer como que todo va bien cuando sientes que no es así. Perdonar no supone no tomar medidas para cambiar una situación o proteger tus derechos, cuando lo estimas necesario.

Hay muchas maneras de definir el perdón. Es una decisión, una actitud, un proceso y una forma de vida. Es algo que podemos ofrecer tanto a los demás como a nosotros mismos.

Perdonar es decidir ver más allá. Como dijo el doctor Gerald Jampolsky perdonar es elegir «ver la luz de la lámpara y no la pantalla». Requiere reconocer que si alguien actúa sin sensibilidad, tras su actitud hay constricción y miedo.
Es la elección de mirar a quien hemos juzgado automáticamente, a través de los ojos del amor, y ver que en realidad es mucho más que sus actitudes o comportamientos.

Es un proceso que exige de nosotros el coraje de poner en tela de juicio nuestra visión habitual de la realidad, una y otra vez. Pues ésta, está sesgada por nuestros juicios y percepciones del pasado, que proyectamos sobre los demás en el presente.

La práctica del perdón.

Cuando eliges cambiar tu perspectiva por una visión más profunda y amplia de la realidad, conectas con quién eres realmente y con quiénes son los demás. Como resultado, surge de forma natural una mayor comprensión y compasión por ti mismo y por los otros.

Cada vez que haces ese cambio, debilitas el monopolio del ego sobre tus percepciones y practicas tu capacidad de soltar, dejar ir y olvidar el pasado.

Cuando realmente perdonas, experimentas sentimientos de alivio, dicha, paz y amor. Se produce una apertura de corazón que te conecta con la libertad, la alegría y la sensación de estar haciendo lo correcto.

A veces la diferencia entre perdonar de verdad y reprimir la rabia y el dolor que te produce una determinada actitud, puede ser engañosa. Si en tu visión de la realidad, expresar la ira está mal visto, puede que hayas aprendido a sustituir tus auténticos sentimientos por otros, considerados más aceptables, y que tiendas a negar tu rabia sin ser consciente de que en realidad no estás perdonando.

Practicar el perdón es una forma de vivir que te invita a pasar de víctima de las circunstancias, a protagonista amoroso, capaz de co-crear tu realidad. Conlleva tu compromiso, momento a momento, de vivir libre de las percepciones del pasado. De ver cada instante con ojos nuevos, y eliminar las percepciones que obstaculizan tu capacidad de amar.

Los caminos del perdón.

  • Perdonar a los demás:

    Perdonar a lo demás no significa que debas cambiar de comportamiento hacia ellos. Si perdonas a un viejo amigo con quien has estado enemistado, no por eso tienes que comenzar a llamarlo de nuevo, a no ser que realmente desees hacerlo. Puedes perdonarle y al tiempo decidir no volver a tener el mismo tipo de relación que antaño.
    Cuando perdonas a otros aceptas la responsabilidad de tus propias percepciones. Comprendes que éstas son subjetivas y, por tanto, no son reales. Te liberas de las mismas y llevas luz a los lugares donde antes había oscuridad.
    Si alguien te falta al respeto, una reacción automática podría ser sentirte herido, amenazado y furioso. Se trataría de una reacción natural. Sin embargo, hay respuestas alternativas que te pueden proporcionar la claridad y el conocimiento necesarios para no reaccionar ante los comportamientos inhábiles de otras personas, desde una actitud defensiva.
    Como escribió el teólogo, Lewis B. Smedes: «Perdonar, es poner a un prisionero en libertad y descubrir que el prisionero eres tú».

  • Perdonarte a ti mismo:

    Perdonarte es probablemente el mayor desafío que puedes encontrar en tu vida. Significa aprender a amarte y a aceptarte como eres «pase lo que pase». Conlleva aceptar sin críticas la totalidad de quien eres. Con tus sombras y tus luces. Amarse y perdonarse son esencialmente la misma cosa.
    Solemos resistirnos a perdonarnos porque, como cualquier otro cambio importante, conlleva una muerte. Muere el hábito de considerarte pequeño e indigno, mueren la vergüenza, la culpa y la autocrítica.
    Perdonarse es un fabuloso renacimiento. Es dirigir tu luz a los engaños, temores, juicios y críticas que te han mantenido cautivo como tu propio carcelero.

  • Pedir perdón:

    Algo que puede parecer sencillo a menudo no es tan fácil. Solemos pensar que al pedir perdón estamos reconociendo nuestros fallos y mostrando debilidad. Sin embargo, pedir perdón demuestra un gran coraje. Cuando pides perdón estás reconociendo que has hecho algo que no te gusta, lo que puedes interpretar como que no eres perfecto, y esto asusta.
    A veces sucede que sentimos que el otro también nos ha dañado y no se ha disculpado. ¿Por qué hacer ese esfuerzo el otro no lo hace?
    Sin embargo, cuando pides perdón no implica que tú estés equivocado y el otro esté en lo cierto. Solo significa que valoras la relación más que a tu propio ego.

Pedir perdón en tres pasos.

A continuación te comparto una sencilla receta, en tres pasos, que va a requerir de tu coraje y de la sabiduría de tu corazón.

    1. Expresa que lo sientes de corazón.
      Al decir lo siento, expresas que tu comportamiento también te ha hecho daño. Qué no querías que pasara y que, si pudieras volver atrás, lo harías de otro modo.
      Conectas con la empatía hacia el otro, y abres la posibilidad de establecer un dialogo sincero y desde el corazón. Una conversación que te permitirá restablecer el vínculo, mostrando que eliges cuidar la relación.
    2. Reconoce que te has equivocado.
      Cuando dices lo siento, asumes la responsabilidad de lo que ha pasado. Asumes que eliges hacerte responsable de lo sucedido, lo que refleja tu madurez y trasmite confianza.
    3. Pregunta cómo hacer para repararlo.
      Aunque a veces el daño no puede repararse, otras veces sí aunque no sepamos cómo hacerlo. Sin embargo, mostrar al otro tu voluntad de hacerlo, es darle la importancia que merece.

Muchas veces el otro solo necesita saber que tu disculpa es sincera y hecha desde el corazón. Ánimo con tu reto y anímate a compartirme tus progresos, dudas y descubrimientos. ¡A por ello!

 

Y te recuerdo que el equipo de Crearte Coaching, formado por coaches certificados, entre los que nos encontramos pedagogos, psicólogos y profesionales de la educación y de la empresa, te deseamos coraje, consciencia y sabiduría para tu vida. Y para temas relacionados con tu salud, te invitamos a consultar con un especialista en la materia.

Beatriz García Ricondo

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