El coaching es una herramienta que se centra principalmente en el presente como escenario de desarrollo personal. Es en este escenario actual cuando podemos hacer cambios reales y concretos. El pasado forma parte de nuestra vida. Y lo cierto es que en algunos momentos, el dolor que puede brotar por una nostalgia del ayer se evade cuando la persona toma conciencia a través de la atención presente, de que el ayer, en esencia, ya no existe.

El poder de los recuerdos

Sin embargo, conviene comprender por qué el ayer también es importante en términos de alegría (cuando recuerdas los momentos felices) o sufrimiento (cuando vuelve a nacer a ti un nudo sin resolver). Por medio de tu memoria evocas una situación de entonces. Tal vez algún estímulo presente haya traído a tu mente alguna escena pasada. Pero lo verdaderamente determinante de ese pasado es que forma parte de tu vida. Es decir, tu mente, tu corazón, las esperanzas, las ilusiones de tu ser de aquel momento, estuvieron presentes en esos instantes de vida que han dejado en ti el legado del recuerdo. Memorias de una vida. Todo ser humano sabe que no puede cambiar el pasado. Sin embargo, muchos clientes inician un proceso de coaching por algún sufrimiento que, de algún modo, está relacionado con el ayer. El mensaje “vive el ahora” tan repetido en los libros de autoayuda es muy complejo en la práctica. Pasado y presente están constantemente inerconectados. Por ejemplo, no estamos predestinados por el ayer; pero sí hemos llegado hasta aquí gracias al camino que hemos recorrido antes. Por tanto, el pasado también te invita a ser feliz.

Comprende tu pasado para abrazar tu presente

Por esta razón, si sufres por alguna situación de tu pasado; si te culpas por haber actuado de una forma determinada en una situación del ayer; no te centres tanto en ese hecho en concreto sino en ti mismo. Háblate con amor, amabilidad, comprensión y respeto. Actuaste del mejor modo posible en aquella etapa. Por otra parte, el pasado también puede afectarnos en la medida en la que el paso del tiempo nos lleva a un presente que adquiere matices distintos a partir de la edad. Por ejemplo, una persona que tiene 70 años sabe que tiene más pasado que futuro. Nos movemos en el tiempo mental constantemente; por mucho que desde el punto de vista concreto el presente sea nuestra casa. Sin embargo, el pasado también puede ser nuestro hogar cuando sentimos que nos abrigan los recuerdos. Imagina la felicidad que sientes cuando recuerdas de corazón a una persona que fue y que sigue siendo importante para ti, a pesar de que ese alguien haya fallecido. El ser humano es complejo en matices, y esta complejidad también se refleja en el propio tiempo y en las distintas formas de vivirlo.

Evocación nostálgica del ayer

Tal vez en algún momento de tu vida hayas tenido la experiencia de que, a pesar de ser una persona que vive principalmente el presente, de pronto, pasas unos días en los que el pasado vuelve a latir como un eco en tu corazón. Y te sientes como en una especie de nebulosa en donde pareces caminar fuera de compás en un tiempo que ya no te pertenece en el modo en el que un día lo hizo. Una película que ha evocado en ti una anécdota determinada, una canción que hacía tiempo que no escuchabas, una crisis vital, un encuentro casual con alguien del pasado… En la mochila de tu mente también llevas los recuerdos inéditos de tu pasado. Evidentemente, es fundamental que tu principal escenario sea el presente. Sin embargo, tampoco podemos dar la espalda a nuestra propia realidad. De hecho, cuando en ciertos instantes sentimos que vuelve a brotar en nosotros una parte infantil, es precisamente porque el pasado se integra en el presente a través de nosotros mismos. De este modo, ningún momento vivido ha sido una pérdida de tiempo.

Pasa página en el presente

Todo lo vivido te ha dado experiencia, lecciones, anécdotas, autoconocimiento. Así como la autoestima parte de la aceptación y la comprensión de tu propia esencia, tu autoestima también se fortalece cuando abrazas a ese yo del pasado que, como si fuese un niño pequeño, en ocasiones se siente herido porque juzgas en exceso aquella parte de ti mismo que hace referencia a un tiempo ya pasado. Y precisamente, el presente te da la oportunidad de pasar página. El pasado es importante. Solo tienes que echar un vistazo a tu álbum de fotos para tomar conciencia de ello. Sin embargo, intenta dar una importancia justa a esos recuerdos. Para ello, tienes que contextualizar ese tiempo en el marco de referencia: el ahora. Por esta razón, puedes complementar la mirada que tuviste en aquel momento de muchas de las situaciones que has vivido, con la propia mirada presente. La vida no es sencilla. Por eso, el verdadero conocimiento no es aquel que queda acreditado por un título académico, sino por la sabiduría consciente de haber vivido intensamente. Así que ojalá que en tu presente no solo pongas en valor lo mejor del ahora, sino también, los mejores recuerdos. Vive tu presente, ama tu pasado y proyecta tu futuro con esperanza.

Foto – Pixabay

 

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