La lengua española es tan rica que son muchos los refranes que podemos aplicar a la crisis que estamos viviendo estos días. Queriendo ser positiva, resuenan en mi cabeza frases como: “no hay mal que 100 años dure”, “lo que no te mata te hace más fuerte”, “no hay mal que por bien no venga”, etc.

¿Y por qué te invito a quedarte con la frase “no hay mal que por bien no venga”?

Cuando pienso en esta frase me emociona todo el bien que estamos viendo a nuestro alrededor. Las muestras de solidaridad, profesionalidad y humanidad que aparecen por doquier. Profesionales de la salud, justicia, orden público, alimentación, logística, transporte, limpieza, y tantos otros a los que no puedo nombrar pues no acabaría, aunque os tengo presentes.

Los aplausos desde las ventanas que me emocionan cada tarde y llenan mi corazón de humildad, gratitud y grandeza por la belleza que juntos, somos capaces de construir.

Tantas cosas suceden a nuestro alrededor que requieren de nuestra atención. Tanto sufrimiento hay en el mundo, que se nos hace muy difícil mirarlas de frente. Cuántas veces cerramos nuestro corazón al dolor ajeno, al hambre, a las guerras, a los refugiados, a los perseguidos, a la violencia. Sin embargo este virus nos está obligando a mirar de frente. Nos obliga a mirarlo porque nos ha hecho parar. Al parar es más difícil mirar a otro  lado. Cuando sufres, cuando tú mismo enfermas, cuando enferma un ser querido, un vecino, personas a las que conoces, es más difícil mirar a otro lado, a veces es imposible.

Quizá este sea el bien que este mal nos está trayendo. El bien de parar y mirar de frente lo que no funciona en nuestro corazón, en nuestras vidas, en nuestra sociedad. Y la oportunidad de hacernos responsables de lo que depende de nosotros. De dejar de echar balones fuera y de culpar a otros, de mirarnos al espejo y elegir ser mejores ciudadanos, mejores vecinos, amigos, padres, madres, hijos, en definitiva, mejores personas.

Son muchos los gestos que nos invitan a mejorar. No hay vida que no pueda ser tocada por un gesto, una caricia, una sonrisa, un gracias, un abrazo. Aunque en estos días sea un abrazar el alma, cuando no puedes abrazar el cuerpo.

Hoy te invito a comenzar por tu trabajo interior. A ser, como dijo Gandhi, el cambio que deseas ver en el mundo. A llevar tu atención a lo que está en tus manos, a lo que depende de ti, a tu modo de contribuir.

¿Si no es ahora, cuándo será?

Tus pensamientos dan forma a tu realidad a través de tus acciones. Sé que en esos días nos asaltan muchos pensamientos en forma de incertidumbre, ansiedad, miedo, rabia, angustia, enfado, etc. Y que a veces todo esto nos lleva a responder de modos distintos a como en realidad deseamos hacerlo. Obsérvalos y trabaja con ellos. Cada uno ha venido a traerte un mensaje para ayudarte a crecer. Sin embargo esto solo ocurrirá, si eliges hacerte cargo de ellos.

Para hacerlo te propongo un sencillo ejercicio que puedes comenzar realizando durante las dos próximas semanas.

Toma lápiz y papel y cada día captura de forma breve, como si se tratase de una fotograma, la siguiente información:

  • Describe brevemente la situación: ¿qué está ocurriendo?
  • Anota tus pensamientos sobre la situación: ¿Qué estoy pensando que me hace mal?
  • Refleja tus emociones al respecto: ¿Qué me hacen sentir estos pensamientos?
  • Recoge las acciones ¿Qué es lo que hago, como resultado de sentirme de este modo?
  • Y finalmente anota las consecuencias que esta forma de actuar tiene tanto para ti como para los demás, si es que hay otros implicados.

Hazlo con las situaciones que estos días te estén generando esos pensamientos y emociones desagradables, de las que no sabes cómo deshacerte, y que te estén generando sufrimiento.

Una vez que lo tengas, vas a dar la vuelta a esta historia que te cuentas. Vas a generar una realidad diferente. Para ello invierte el orden de las preguntas. De modo que te respondas a:

  • ¿Cuál puede ser un mejor resultado para mi y para los demás?
  • ¿Cómo puedo hacer para que éste sea el resultado que deseo?
  • ¿De qué nuevos sentimientos y emociones puedo colorear mi vida para actuar de ese nuevo modo?
  • ¿Qué puedo pensar o decirme diferente a lo que antes de me decía, para sentirme tal y como me deseo sentir?

Aunque la situación inicial no cambie, pues muchas veces no depende de nosotros, podrás modificar los resultados que obtienes cambiando tus pensamientos, emociones y conductas.

Este ejercicio te ayudará a identificar pensamientos alternativos a los que te bloquean o te generan emociones desagradables, y a visualizarte con ellos, para que cobren fuerza en tu vida.

Hazlo de forma consciente y constante, y en breve comenzarás a experimentar una nueva forma de pensar.

Toma el mando de tu mente, y sé tu el cambio que quieres ver en el mundo. Ya sabes que no hay mal que por bien no venga. Aprovecha esta oportunidad.

Beatriz García Ricondo

 

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