¿Qué es el apego?

En Indonesia, para cazar monos, meten una naranja dentro de una caja. El mono mete la mano, coge la fruta… y cuando quiere sacar la mano, no lo consigue al no querer soltar la naranja. De este modo se queda ahí, inmovilizado, y los cazadores lo capturan.

Podemos preguntarnos cuáles son nuestras naranjas, qué es lo que no conseguimos soltar, a qué estamos apegados.

Tendemos a apegarnos a personas, relaciones, bienes materiales, hábitos o incluso a la imagen que hemos desarrollado de nosotros mismos o de cómo deseamos que sean las cosas. Así podemos apegarnos a emociones tóxicas como el resentimiento, a preocupaciones, heridas del pasado, una imagen que idealizamos y que no corresponde a la realidad, etc.

¿Qué es el desapego?

Matthieu Ricard afirma que si miramos el objeto de nuestro apego con una simplicidad nueva, comprendemos que no es ese objeto lo que nos hace sufrir, sino el modo en que nos apegamos a él.

Desapegarnos significa dejar de aferrarnos a lo que nos causa dolor. Deshacernos de ataduras y tener las manos libres para vivir aquí y ahora y disfrutar de lo que tenemos.

Desapegarnos no significa amar menos, sino liberarnos de las ataduras que crean nuestro miedo a la pérdida y al sufrimiento.  Como dijo el monje zen Takuan Sôhô, una persona libre de apegos mundanos no es de piedra. No es una persona sin sentimientos ni emociones.

Desapego no es sinónimo de pérdida, sino de ganancia. Nos ayuda a vivir con más intensidad el presente, conscientes de que es lo único que tenemos. Vivir desde el desapego significa hacer las cosas sin preocuparnos por el éxito o el fracaso. Al deshacernos de los apegos no renunciamos a la intención de cumplir nuestros deseos sino al interés obsesivo por unos resultados previamente definidos por nuestra mente.

Como dijo Claudio Naranjo, el desapego es la capacidad de hacernos nada para llegar a ser personas enteras.

¿Cómo practicar el desapego?

A continuación recojo algunas sugerencias para que comiences a practicar cómo vivir desde el desapego.

  • El libro de tus experiencias de éxito

En momentos de estrés nuestra mente se ve atraída hacia pensamientos negativos. Nos convertimos en generadores de preguntas que nos llevan del pasado al futuro y para las que no tenemos respuesta. “Y si hubiera hecho esto o lo otro”, “y si ocurre tal cosa o tal otra”, etc. Preguntas que se enfocan en los aspectos negativos de las situaciones que vivimos.

En estos momentos tratamos de lidiar con la incertidumbre centrándonos en cómo eliminarla en lugar de en cómo aceptarla. Immanuel Kant dijo que la inteligencia del individuo se mide por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar.

Practicar el desapego nos puede ayudar en estos casos. En lugar de apegarnos a lo conocido y a la necesidad de tener certezas. Aumentar nuestra tolerancia a la incertidumbre nos ayuda a aceptar la realidad tal y como es en lugar de pelear con ella.

Comienza a practicar creando tu propia historia de experiencias de éxito. Toma una libreta y ve recogiendo en ella experiencias de tu vida que terminaron bien pese a haberlas vivido con un alto grado de incertidumbre. Con la experiencia de hoy, recuerda las vueltas que diste en torno a preocupaciones y preguntas para las que no tenías respuesta. Observa que probablemente hoy te parezcan banales o incluso ridículas, y céntrate en los recursos y estrategias que utilizaste para dejarlas atrás.

Ahora sabes que puedes usar esos recursos y estrategias para afrontar cualquier preocupación actual, y que no tiene sentido apegarte a pensamientos o emociones que te hacen sentir mal, pues como cuenta la leyenda “esto también pasará”.

  • El escáner emocional

Nuestras emociones son el principal alimento de nuestros apegos. El miedo, el dolor, la culpa, el resentimiento, la frustración, etc. son emociones a las que nos aferramos cuando tememos soltar.

Todas las emociones nos traen información útil para nuestro aprendizaje, el problema es aferrarnos a ellas durante demasiado tiempo o bloquearlas para no sentirlas. Por eso es tan importante ser conscientes de ellas, identificarlas y comprender el mensaje que nos traen, para permitirnos sentirlas y dejarlas marchar con alegría.

Cuando te sientas mal, lleva tu atención a tu cuerpo. Escanéalo de la cabeza a los pies, en busca de la energía de esa emoción. Una vez la encuentres, solo obsérvala. No la analices, no la juzgues, solo obsérvala. Deja que exista y sea tal y como es. Puedes decirte: “me siento triste y lo acepto” y deja que esa sensación se exprese para ti. Escucha el mensaje que te trae. Solo observa y escucha, permitiendo que lo que sea venga a ti. Agradécele haber estado contigo este tiempo para traerte este mensaje.

A continuación, imagina que esa emoción es como una nube y que al igual que ésta, desaparece con el viento. Visualízate soltando esa nube-emoción mientras desaparece de tu horizonte, y llenas el hueco que deja con tu amor y tu luz.

  • Las piedras que cargas

Cuenta una historia que un hombre que iba por un camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra. Igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar.

Podemos preguntarnos qué piedras cargamos. Quizá ofensas que otros nos han hecho, culpa por nuestros errores, frustración, impotencia, sea lo que sea, pregúntate ¿para qué sigo cargando esas piedras?. Como dijo el Maestro de la historia, si hacemos a un lado la carga, si dejamos de llevarla con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro.

A menudo no somos conscientes del peso que representan nuestros apegos. Los cargamos hace tanto tiempo que nos hemos acostumbrado a ellos. Sin embargo, para ser felices debemos deshacernos de pesos innecesarios.

Busca algunas piedras de tamaño medio, párate a reflexionar y escribe en cada una, uno de los apegos que sientes que tienes. Puede tratarse de personas, relaciones, hábitos, emociones, pensamientos, etc. Cuando termines, pon las piedras en tus bolsillos y llévalas contigo el tiempo que consideres necesario.

Cuando empiecen a pesarte, para de nuevo y revísalas. Obsérvalas y elige una de forma consciente. Pregúntate ¿qué quiero soltar?, ¿qué representa soltar esto para mi?, ¿qué cualidades me ha permitido desarrollar esta piedra?, ¿qué me gustaría agradecerle? Tras esta reflexión consciente, suelta esa piedra con determinación y alegría, sintiéndote más ligero y más libre.

Conclusión

Aunque soltar nuestros apegos no es tan sencillo como tirar una piedra, dejar ir una nube o escribir en una libreta, estas prácticas te ayudará a tomar conciencia de los apegos que has ido desarrollando, de cómo te condicionan y de tu libertad para elegir aprender de ellos, agradecerles y tomar la vida con alegría.

Si quieres profundizar en el desapego y en otras muchas técnicas y herramientas te recomendamos nuestro curso Especialista en Inteligencia Emocional.

 

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