Hay palabras que, cuando las escuchamos, hacen saltar nuestras alarmas. Una de ellas es la vulnerabilidad. Quizá porque, en nuestra manera de entender el mundo, mostrarnos vulnerables todavía puede confundirse con mostrarnos débiles.

La palabra vulnerabilidad proviene del latín vulnerabilis, formada a partir de vulnus, que significa herida, y el sufijo –abilis, relacionado con la posibilidad o capacidad .En otras palabras, vulnerabilidad hace referencia a la capacidad de ser herido.

Quizá, precisamente por eso nos cuesta tanto acercarnos a ella, porque en el mundo real, en nuestro día a día, en el trabajo, en nuestras relaciones y en los espacios sociales que habitamos, mostrarnos vulnerables puede hacernos sentir expuestos.

¿Alguien se atreve a salir al mundo con su vulnerabilidad?

Para hacerlo necesitamos atravesar nuestros propios miedos, permitir que nuestras luces y nuestras sombras puedan habitar en nosotros y aceptar que no siempre tenemos que protegernos detrás de una imagen de fortaleza.

La necesidad de aprobación, el miedo al juicio y el deseo de proteger nuestra valía pueden convertir la palabra vulnerable en algo que preferimos mantener alejado. Especialmente cuando sentimos que está en juego nuestra imagen o la manera en la que los demás nos perciben. Quizá sea una de las formas más profundas de coraje.

La vulnerabilidad como acto de valentía

Como coaches sabemos que la vulnerabilidad aparece en nuestras sesiones cuando se ha construido una relación basada en la confianza. Cuando la persona acepta su vulnerabilidad algo comienza a cambiar. La niebla se despeja y aparece la posibilidad de mirar aquello que antes permanecía oculto, pero para acompañar a otra persona en ese viaje, primero necesitamos haber realizado el nuestro. También nosotros hemos tenido que atravesar el miedo, la incertidumbre y ese vértigo que aparece cuando dejamos de controlar todo aquello que mostramos.

Acompañar a alguien en su vulnerabilidad requiere conocer el camino que supone enfrentarse a la propia. La vulnerabilidad nos coloca delante de aquello que muchas veces intentamos esconder y también nos invita a mirar nuestras grietas y descubrir que detrás de ellas también existen luces, aprendizajes y una parte humana de nosotros mismos.

Cuando la vulnerabilidad conecta

En mi experiencia como actriz, he podido comprobarlo de una manera muy especial. Cuando la vulnerabilidad aparece en el personaje que habito, algo cambia también en el público. Las preguntas y el juicio parecen quedar en un segundo plano y el público comienza su propio viaje y encuentra en ese personaje algo que le resulta familiar, algo que resuena con su propia experiencia.

El público respira de otra manera. Aparece el silencio y se genera una sensación de pertenencia que permite que todos podamos viajar juntos con la protagonista de la historia. Quizá eso sea también una de las fuerzas de la vulnerabilidad: cuando alguien se atreve a mostrarse de verdad, los demás pueden reconocerse en aquello que ven, porque conectamos con aquello que nos recuerda que, detrás de cualquier persona, también existe alguien que siente, que teme, que duda y que intenta seguir adelante.

Mirar con lupa nuestras luces y nuestras sombras

Para quienes trabajamos acompañando procesos de crecimiento personal, la vulnerabilidad puede convertirse en una herramienta de autenticidad. Nos permite mirar con mayor atención aquello que hemos aprendido a ocultar porque alguna vez nos dijeron que mostrarlo era una señal de debilidad.

Quizá se trate de mirar con lupa cada grieta de nuestro ser vulnerable para permitir que nos acompañe en el proceso de descubrirnos, porque nuestras luces y nuestras sombras forman parte de nosotros. La luz puede mostrarnos aquello que hemos aprendido, aquello que nos fortalece y aquello que somos capaces de ofrecer y la oscuridad puede recordarnos nuestra humanidad, nuestra fragilidad y el hecho de que todo forma parte de un proceso.

Aceptar nuestra vulnerabilidad no significa dejar de avanzar. Al contrario. Puede significar avanzar con una mirada más honesta hacia nosotros mismos.

También podemos reconocernos en las historias

Hay historias y personajes que nos permiten comprender la vulnerabilidad de una manera especialmente cercana.

Una de mis películas favoritas es Lo que el viento se llevó. Su protagonista, Scarlett O’Hara, aparece inicialmente como una mujer altiva, superficial y consentida, alguien que parece mantener una gran distancia con aquello que ocurre a su alrededor. Pero llega la guerra, llega el hambre y llegan las circunstancias que hacen que muchas de las barreras que había construido comiencen a desaparecer. Cuando vemos su vulnerabilidad, también podemos reconocernos en ella. Ahí Scarlett somos todas. Lo que hace después con aquello que le sucede es otra historia.

También encontramos esta idea en la canción Training Season, de Dua Lipa. A través de ella aparece el deseo de encontrar a alguien capaz de aceptar la vulnerabilidad y de comprender desde un lugar profundo. Una experiencia relacionada también con el cansancio de tener que protegerse, aprender y entrenarse una y otra vez para poder amar bien.

Quizá el arte nos permita acercarnos a aquello que nos cuesta nombrar directamente. Verlo en un personaje, escucharlo en una canción o reconocerlo en una historia puede ayudarnos a descubrir algo que también estaba dentro de nosotros.

Aceptar que somos vulnerables

La vulnerabilidad nos invita a expresarnos y a soltar, a recordar que somos humanos y que no necesitamos sostenerlo todo durante todo el tiempo.
Ser vulnerable forma parte de nuestra naturaleza. Por eso, la vulnerabilidad también puede ser una elección personal, y tal vez se trate de poder elegir desde dónde queremos relacionarnos con nuestra propia vulnerabilidad:

→ desde el miedo a ser juzgados
o
→ desde la posibilidad de aceptarnos un poco más.

Porque aceptar que somos vulnerables no significa renunciar a nuestra fortaleza. Puede significar integrar ambas partes, reconocer nuestras grietas sin olvidar nuestras capacidades y a la vez permitir que nuestras sombras existan sin dejar de mirar nuestras luces.

¿Y si te atreves?

Hay una pregunta que vuelve una y otra vez:

¿Alguien se atreve a salir al mundo con su vulnerabilidad?

Quizá la respuesta no sea la misma para todas las personas. Y quizá tampoco tenga que serlo.
Pero sí podemos preguntarnos:
– ¿Qué conseguirás al atreverte?
– ¿Cómo afectará a tu vida?

Solo tu ser interior tiene la respuesta. Salir al mundo con nuestra vulnerabilidad o no hacerlo depende, en última instancia, de nosotros.

Para mí, atreverme significa acompañar a mis clientes a navegar en su propia vulnerabilidad y ayudarles a encontrar la valentía que puede aparecer cuando dejamos de luchar contra aquello que forma parte de nosotros. Significa también seguir mirando con lupa los entresijos del alma humana, disfrutar de lo vulnerable con sus grietas, sus luces y sus sombras, y aceptar que la vulnerabilidad forma parte del camino.

Y quizá, al final, la pregunta no sea si somos vulnerables. Porque ya lo somos.
La verdadera pregunta es: ¿Qué hacemos con nuestra vulnerabilidad?

“Can you handle the way I feel?”
— Dua Lipa, Training Season

 

María Giménez de Cala
Experta en Inteligencia emocional y Coach nivel 1
“La aventura de llegar a ser”
Actriz, visitadora médico y productora teatral

Entiendo la vida desde la creación.
La comunicación no verbal es mi pasión.
La vida es una aventura arriesgada, cuantas más herramientas tengamos, mejor camino.

 

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