Me encantan los artículos que tienen un sustantivo tan concreto como centro de su título. Como en este caso: presencia.

Y otra cosa que me encanta es no dar nada por sentado.

Por eso, si sumo las dos cosas, tiene sentido empezar por una definición del término: ¿qué significa presencia?

Esto es lo que nos dice la RAE:

  1. f. Asistencia personal, o estado de la persona que se halla delante de otra u otras o en el mismo sitio que ellas.

Sinónimos: asistencia, comparecencia, existencia.

Antónimos: ausencia, incomparecencia.

Fijaos qué interesante: se habla de presencia como asistencia. Pero también se habla ya de cómo asistes a ese algo, es decir, del estado. Y aún más potente me parece los antónimos que vemos: si no estás presente entonces es que estás ausente. Y eso, como estado y como actitud para el coaching y para la vida, seguramente es algo que queremos evitar.

Presencia según ICF

El modelo de las 8 competencias que debe demostrar un coach según ICF incluye la presencia como una de ellas, en concreto la quinta. El coach mantiene presencia, es plenamente consciente y está presente con cada cliente.

Si volvemos a la definición de la RAE, unir ambas cosas tiene sentido: cuando estamos plenamente presentes, aquello que se trae a una sesión de coaching adquiere más claridad y más relieve. Como si el asunto cobrara vida y, por lo tanto, existencia.

Y, en definitiva, razón de ser. ¿O acaso tendrá algún sentido para el cliente realizar una sesión de coaching a la que no asiste su coach? La respuesta es un no rotundo. Cero sentido.

¿Qué es estar presente?

Estar presente es adoptar un papel protagonista en tu propia vida, es optar por hacerte plenamente consciente de lo que está ocurriendo, de lo que ves, oyes, hueles o escuchas, de lo que hay, de lo que estás sintiendo tú y de lo que percibes que está sintiendo el otro. Es hacerte consciente de lo que encierra un instante, de la magia de la vida. Es no querer perderte nada de lo que está pasando ni querer dar nada por sentado.

Esto es así en general, en la vida. ¿Pero qué pasa en concreto en una sesión de coaching? Trasladar esta actitud vital al coaching supone, de nuevo, querer vivirlo con total consciencia, queriendo de verdad ponerte al servicio tanto del cliente como del propio proceso, y también de ti mismo. Porque al elegir estar presente te estás comprometiendo contigo mismo también, con estar disponible para lo que tu vida te está trayendo en cada momento.

¿Qué nos impide estar plenamente presentes?

Entre las primeras dificultades que recuerdo al inicio de las prácticas en sesiones de coaching está la duda de si iba a meter mi propio mapa. O si iba a lograr hacerle preguntas coherentes al cliente, o qué iba a pasar si sus respuestas no iban por donde yo quería o esperaba.

En realidad, todas esas dudas surgían de querer saber qué iba a pasar y por dónde iban a ir las cosas. Es decir, de querer tener el control. Por suerte, descubrí pronto cuál era el antídoto que mejor funciona para mi frente a ese querer controlarlo todo. Y sí, era esto de estar presente.

Aunque la RAE no lo exprese así, para mi ese estar presente tiene que ver con la aceptación y la apertura, con entregarse al momento. Entregarse a lo que hay. Abrirse a lo que tenga que venir o tenga que surgir en la sesión. Aceptar ser (¿solo?) un instrumento en el proceso de acompañar al otro a llegar a sus propias conclusiones, a ver algo que antes no veía, a adoptar una nueva perspectiva o a desenredar una madeja que antes estaba demasiado liada. Es dejarse llevar, pero con consciencia, para así permitir que pueda surgir algo más grande, quizás inesperado y, con suerte, transformador.

¿Cómo podemos conectar con la presencia?

El deseo de control no es lo único que nos puede dificultar esa presencia que necesitamos para iniciar una sesión de coaching. Cuestiones tan humanas y cotidianas como nuestras propias preocupaciones, una sobrecarga mental o sentirnos cansados no nos ayudan. La buena noticia es que disponemos de herramientas que nos facilitan conectar con esa presencia.

La más inmediata es la conexión con nuestro propio cuerpo. Una de las herramientas que más uso y que está al alcance de nuestra mano, aunque a veces se nos olvida, es la respiración. Mirar con curiosidad lo que ocurre en este acto automático e involuntario puede cambiarlo todo. Fijarnos en cómo se siente el aire al pasar por cada una de nuestras fosas nasales, cuál es su temperatura, o si nos resulta más fácil inhalar o exhalar.

Prestar atención a los detalles: eso ayudar a tomar consciencia de dónde estamos, del aquí y del ahora, y esa toma de consciencia nos hace estar presentes y nos ayuda a olvidarnos de las posibles expectativas que nuestra mente haya podido construir.

La presencia como regalo

Una de las máximas de un coach es la de generar un clima de confianza para el cliente. Sin esa confianza el cliente puede no sentirse seguro, lo que le dificultaría hacer conexiones que le resulten útiles. En ese caso, la sesión podría ser poco eficaz y además podría hacernos sentir frustrados como coaches.

De nuevo, esa presencia entendida como darse al otro y entregarse a este momento con todo lo que somos y todo lo que tenemos es un punto de partida necesario para la efectividad de una sesión. Pero no es solo algo que le debemos a nuestros clientes: si nuestra presencia sirve para poner los mimbres que hagan que el cliente pueda sentirse escuchado, sostenido y acompañado, el mundo de posibilidades con las que puede llegar a conectar puede convertirse en un auténtico regalo. Para la persona que hace el proceso y para el propio coach. Para mí, presenciar un momento de toma de consciencia clara para el cliente es algo parecido a la magia.

La presencia es una decisión

Volvamos sobre la cuestión que planteaba al inicio: si no estamos presentes, entonces es que estamos ausentes. Y estar ausentes significa que algo nos vamos a perder.

Si lo contrario de estar presente es estar ausente, toma la decisión de presentarte, de asistir a tu vida, ya sea dentro o fuera de una sesión de coaching. Decide estar aquí y ahora, con toda tu atención y con todo lo que eres. Estar presentes no significa hacerlo todo perfecto o permanecer atentos a cada instante. Significa, más bien, volver una y otra vez al momento que estamos viviendo.

¿Y tú? ¿A qué parte de tu vida necesitas volver a presentarte hoy?

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Biodata de la autora:

Laura Criado es Experta en Coaching Profesional, PNL Practitioner, Instructora de Yoga y Practicante de Reiki. Le interesa especialmente tender puentes entre el crecimiento personal y la realidad profesional, algo que también aplica en su labor al frente de un equipo internacional de ventas.

 

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