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«Maestro, ¿qué he de hacer para amar a mi prójimo?».
«Deja de odiarte a ti mismo» respondió el maestro.
El discípulo meditó larga y seriamente estas palabras y regresó a decirle al Maestro: «Pero si yo me amo demasiado a mí mismo, si soy egoísta y egocéntrico ¿cómo puedo librarme de mi egoísmo?».
«Sé amigo de ti mismo y tu yo quedará satisfecho, entonces te dejará en libertad para amar a tu prójimo».

Así nos habla Anthony de Mello, en este breve cuento, de la importancia de amarnos a nosotros mismos.

Se acerca San Valentín que, año tras año, nos invita a mirar hacia la relación de pareja.

Tú y yo somos seres relacionales y la relación de pareja es un terreno ideal para crecer. Al ser un vínculo de gran intimidad, nos pone delante tanto nuestras luces como nuestras sombras, aunque no queramos.

A lo largo del tiempo, el modelo de relación de pareja ha evolucionado mucho. Fundamentada durante mucho tiempo en el matrimonio como un contrato social y económico que aportaba una serie de ventajas, ha pasado tanto por la idea de dos personas que se unen para completarse, como por el cliché romántico que anhela la llegada del príncipe o la princesa azul.

Sin embargo, en los últimos años se ha abierto un nuevo paradigma que de ti depende hacer realidad en tu vida. Una invitación a dejar de buscar en el otro o la otra a tu media naranja. Una invitación a relacionarte contigo como la naranja completa que ya eres. Deja de esperar que sea otra persona quien cubra tus propias carencias o resuelva tus problemas.

Todos arrastramos, de forma más o menos consciente, heridas de la infancia que de adultos seguimos tratando de sanar. El problema es que lo intentamos mirando en la dirección equivocada.

En un intento de llenar el vacío que a veces sentimos, tratamos de que sean los demás quienes se hagan cargo de nuestras necesidades. Y de este modo, cargamos a la pareja con lo que no le corresponde.

Y por ello, la relación de pareja puede ser un extraordinario catalizador de tu crecimiento cuando trabajas en tu desarrollo personal. Un espejo en el que mirar tu reflejo y hacerte consciente del ser completo que eres. Con lo que te gusta y con lo que no. En lugar de culpar o responsabilizar al otro de lo que no es como desearías.

Es trabajo de cada uno de nosotros cultivar un modelo de relación orientado al crecimiento y al cuidado mutuos.

Y para hacerlo, no hay nada más importante que comenzar por tu propio autocuidado. Por amarte a ti mismo. Por llevar atención a tus propias necesidades y hacerte cargo de ellas. Con amabilidad y sin juicio. Deja de intentar ser perfecto y atrévete a ser completo.

Es desde la autoconsciencia como puerta al «Amor Grande» desde donde te invito a compartir camino de vida junto a otro ser humano para crecer juntos.

Te deseo un feliz San Valentín y te comparto que, para seguir creciendo de dentro hacia fuera, tienes una bellísima oportunidad a través de nuestro curso de inteligencia emocional “El Despertar de la Consciencia” que vuelve en formato presencial este próximo mes de marzo.

Descúbrelo AQUÍ. Estaré encantada de acompañarte en este viaje.

Un abrazo consciente.

 

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