Es cierto que el cliente asume la responsabilidad sobre su propia felicidad en un proceso de coaching, sin embargo, el coach también tiene una tarea principal al potenciar la autoestima de los clientes siendo a su vez, este amor propio, uno de los fundamentos esenciales del desarrollo personal y profesional.

Existen algunos pequeños gestos que pueden ayudarte como coach a potenciar la autoestima de tus clientes a través de detalles que muestran que les tienes en cuenta de un modo positivo:

1. Algunos coaches son muy estrictos con el tema del horario y cierran una sesión ante la impaciencia de que hay un cliente esperando su cita. Sin embargo, lo más recomendable es programar las sesiones de coaching teniendo en cuenta este margen de tiempo más amplio para poder atender posibles imprevistos. Puede ocurrir que el cliente esté en un momento de la sesión en el que necesita profundizar en su mundo interno o está llegando a un punto de descubrimiento que no se debe cortar sino respetar prolongando la sesión un cuarto de hora. El cliente es el primero que conoce cuál es el tiempo establecido en cada sesión (de este tema suele hablarse en el primer encuentro), por tanto, este margen suele ser suficiente para que, por sí mismo, el cliente se oriente hacia el cierre.

2. En algunas despedidas de una sesión de coaching, puedes regalar a tu cliente una frase de sabiduría de un autor célebre. Un mensaje de superación, una reflexión de felicidad que, al modo de una píldora de sabiduría esencial, sea como una semilla en su corazón. Una semilla de cultura universal que puedes compartir para que su luz se expanda. Es decir, en cierta forma, como coach también eres un facilitador de acceso al legado de tantos filósofos cuyo pensamiento también es base para el coaching.

3. Si un cliente se pone en contacto contigo a través de correo electrónico para consultar una información determinada o para posponer la sesión para otra fecha, busca un momento del día en el que puedas escribir ese mensaje de un modo personal y no siguiendo los protocolos habituales de la comunicación de empresa.

4. Evidentemente como profesional, el coach tiene la responsabilidad de ser capaz de realizar su trabajo sin dejarse condicionar por su vida personal. Sin embargo, hacer de esta premisa una norma universal sería como renunciar a aquello que nos hace ser humanos.

Existen circunstancias y situaciones puntuales en la vida, que pueden hacernos sentir que no estamos capacitados en ese momento para concentrarnos en una sesión de coaching si estamos con la mente en una preocupación que nos desborda. En este tipo de situación es aconsejable cancelar las sesiones previstas para esa tarde pidiendo disculpas a los clientes por el perjuicio causado y buscar una forma de compensación posterior, por ejemplo, aplicar un descuento en la próxima sesión.

5. Difunde a través de tu página de Facebook, mensajes de optimismo, frases de superación, ideas de autoayuda, fotografías que transmiten paz y serenidad. Las redes sociales son un buen canal para difundir esta ola de bienestar a golpe de clic. Hoy en día, muchas empresas también utilizan Instagram por su carácter más visual ya que muchas imágenes también proyectan bienestar.

 6. En coaching, tan importante es aquello que se dice como aquello que no se dice. Es decir, es adecuado que a nivel interno, tengas una confianza plena en las capacidades de tus clientes para desarrollar nuevos recursos con el fin de solucionar situaciones difíciles. Esta confianza es una de las cualidades de un buen coach. Realiza dinámicas de PNL en las sesiones.

7. El entorno de trabajo en una escuela de coaching también es un escenario de bienestar y en la medida de lo posible, es recomendable no considerar un factor secundario la decoración estética del despacho con el fin de crear un entorno que inspire luz, equilibrio y armonía. De este modo, el cliente experimenta una agradable acogida.

8. Desde el punto de vista de la comunicación, al dirigirte a tus clientes, es recomendable que digas su nombre tanto en la bienvenida como en la despedida de cada sesión. No se trata de ser repetitivo sino de recordar que el nombre personaliza a cada ser humano, y por tanto, tiene un valor infinito para cada uno de nosotros. El nombre también es autoestima porque implica reconocimiento y aceptación.

 

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