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Septiembre pasó volando ante nosotros mientras que la mitad del planeta se prepara para el otoño y la otra mitad estrena la primavera.
Las horas de luz se acortan para los que vivimos en el hemisferio norte, invitándonos a mirar hacia dentro.

Vivas donde vivas, habitamos tiempos de cambio que nos piden dar lo mejor, muchas veces a costa de nosotros mismos. Es por esto por lo que hoy te invito a reflexionar sobre una de las actitudes Mindfulness que aún no he traído a este espacio. El no esfuerzo.

¿Qué es el no esfuerzo?

Desde niña he escuchado frases del tipo «quien no se esfuerza no llega a nada», «para ser alguien hay que trabajar duro», «haz algo en lugar de perder el tiempo», etc. Que probablemente te son familiares.

Lejos de ignorar la importancia que tiene esforzarse para lograr muchas de las metas que anhelas, te invito a observar cuando el exceso de esfuerzo te lleva a tensarte, estresarte, estar de mal humor, o dejar de encontrar sentido a las cosas.

La frase «ya aparecerá cuando no se lo busque» ilustra muy bien esta actitud Mindfulness que personalmente prefiero llamar «distensión».

Poner tu intención en vivir desde la facilidad. En dejar de luchar con la realidad acogiendo las cosas tal y como son. Como quien surfea las olas de la vida amigándose con el viento y las corrientes para disfrutar el viaje.

El no esfuerzo no tiene que ver con la vaguería o falta de interés. Lo que te propongo es dar lo mejor de ti mismo en cada circunstancia, disfrutando el proceso a la vez que te desvinculas del resultado. Olvidarte de manipular o forzar las cosas, fluyendo con el momento presente y haciendo lo mejor que puedas en cada momento.

Estamos tan acostumbrados al sobreesfuerzo que no nos damos cuenta de que, muchas veces, nubla nuestros talentos y virtudes. Cuando actúas desde ese lugar interno en que te sientes centrado, lo haces con fluidez, con facilidad, y las cosas parecen desarrollarse de forma natural. Los filósofos de la antigua Grecia llamaban a esto acción virtuosa. Anclados en la necesidad de esforzarnos, a veces hasta tenemos que esforzarnos para no esforzarnos.

Mindfulness te propone ir más allá de tu idea de cómo han de ser las cosas y de qué resultados deberías obtener, para abordar cada tarea desde la alegría. Vivir en el momento presente nos enseña a no esforzarnos. A observar como la vida fluye yendo más allá de la necesidad de controlarlo todo. La distensión te invita a soltar la rigidez. Y, al no poner una energía excesiva en querer cambiar algo o conseguir un resultado determinado, paradójicamente, encuentras el camino más adecuado.

Como escribió Nisargadatta «No es necesario empujar a la vida; cuando el esfuerzo es necesario, la fuerza aparece».

La práctica de la distensión

Para cultivar esta actitud durante el mes de octubre te invito a llevar atención a lo siguiente:

  • Observa amablemente, en tu día a día, desde dónde te estás relacionando con tus «quehaceres» y pregúntate: ¿lo estoy haciendo desde la facilidad?, ¿desde el control?, ¿la rigidez?, ¿la aceptación? El solo hecho de darte cuenta te ayudará a modificar tu aproximación a la tarea.
  • Cuando abordes un nuevo proyecto o tarea, dirige tu atención a cómo está siendo tu relación con el resultado y con el proceso que se requieren en la situación. Reflexiona sobre qué te estás contando con relación a esto y actúa en consecuencia.
  • Y si, además, eres coach o estudiante de coaching, te invito a llevar tu atención a cómo cultivas la distención o no esfuerzo en tus conversaciones de coaching.

Estaré encantada de que me compartas tus reflexiones a estas nuevas propuestas.

Te recuerdo que si te has perdido alguna de las actitudes anteriores las tienes en las entradas del blog.

Nos encontramos el próximo mes con una nueva actitud: la generosidad.

Un abrazo consciente.

 

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