Nos ha parecido precioso y por eso os lo compartimos. Proyecto final de una de nuestras alumnas, PRECIOSO.

«Durante mucho tiempo, su vida se llamó esfuerzo. Esfuerzo para tener dinero, esfuerzo para ganarse el amor, esfuerzo para construir una casa, esfuerzo para alcanzar todo aquello que se suponía importante. Nadie se lo impuso de forma explícita; simplemente lo aprendió así. Ese pensamiento la acompañó en su infancia, se afianzó en su adolescencia y siguió guiando gran parte de su vida adulta.

Vivía con la sensación constante de que nada llegaba sin sacrificio, de que descansar era casi un error y de que solo a base control se podía avanzar. Hasta que, poco a poco, algo comenzó a moverse dentro de ella. No fue un ruido fuerte, sino una pregunta silenciosa: ¿Y si la vida no tuviera que ser tan dura?

Al principio apareció la duda, acompañada de miedo. Pero también su mente abierta. Empezó a mirar su vida con otros ojos y a descubrir que algo no encajaba en aquel esquema rígido que había seguido durante años. Comenzó a intuir que la felicidad no dependía tanto de lo que lograba fuera, ni de cuánto hacía o acumulaba, ni siquiera de cómo la miraban los demás. Empezó a comprender que su experiencia real nacía en otro lugar.

Descubrió entonces un conjunto de principios sencillos, casi invisibles, pero profundamente transformadores. Principios que no exigían correr, sino estar; que no pedían controlar, sino observar; que no reclamaban más, sino agradecer. Principios anclados en el presente, en la atención consciente y en la gratitud por aquello que la vida ofrecía, incluso sin haberlo pedido.

A partir de ahí, comenzó a cuidarse. A escucharse de verdad. A darse permiso para ver lo bueno y lo sencillo que siempre había estado ahí. Y cuanto más practicaba vivir desde esos principios, más parecía responder la vida. Siempre con lo justo, con lo necesario, con lo que correspondía a cada momento.

La vida empezó a fluir. Y ella, por primera vez, eligió fluir con ella. Sin forzar, sin luchar, sin empujar puertas que no se abrían. Se dio cuenta de que esa facilidad siempre había estado disponible; solo hacía falta la intención de vivir desde ahí. Y entonces lo entendió: la vida escucha. Escucha cuando dejas de exigir y empiezas a habitarla con presencia.»

Cuento extraído del proyecto final de nuestro Curso Mindful Coaching de nuestra querida alumna: Carmen Marín Pérez

 

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