Como dijo Francis Bacon “No hay una belleza realmente excelsa que no tenga una anomalía en sus proporciones.” Y es que entre las muchas metáforas que podemos usar para explicar el sentido de la vida y del sufrimiento, el arte japonés del kintsugi nos atañe a todos.

El kintsugi es la práctica de reparar las grietas de la cerámica con barniz o resina espolvoreada con oro. Esta técnica lleva nuestra atención a la idea de que las grietas forman parte de nuestra historia y debemos mostrarlas en lugar de ocultarlas.

La vida y el paso del tiempo nos llenan de fisuras y cicatrices. Sin embargo esas cicatrices, lejos de afearnos, nos embellecen. Se convierten en ocasiones para percibir la vida en su totalidad, para crecer interiormente y ser más sabios y compasivos. Y son, en palabras de Rumi, en lugar por donde se filtra la luz en nosotros.

Vivimos en la dualidad. Allí donde miramos percibimos opuestos. Noche y día, masculino y femenino, ciencia y magia, bueno y malo, alegría y sufrimiento. Sin embargo esta dualidad es solo un espejismo. Pues todo cuanto vemos es parte de lo mismo. No puede haber sombra sin luz, ni vida sin dolor, los contrarios se complementan para dar forma a la vida como totalidad.

El dolor forma parte de nuestra vida. Enfermamos, envejecemos y morimos. Todo es parte consustancial a la vida, y probablemente lo que la hace tan especial, y a veces tan difícil.

El covid-19 y sus consecuencias, ponen esta realidad frente a nosotros. La traen a un primer plano. Nos hace mucho más difícil mirar a otro lado. Invalidan la creencia infantil de que si no veo algo, no existe; que nos lleva a mirar a otro lado para no ver lo desagradable.

Nuestra tendencia a calificar las experiencias de la vida como agradables o desagradables, es responsable de nuestro sufrimiento. De que nos sintamos a veces desbordados o sobrepasados emocionalmente.

Sufrimos porque queremos algo que no tenemos, o porque no queremos lo que tenemos. De este modo cuestionamos la realidad, nos resistimos a que las cosas sean como son, y sufrimos por ello.

A cualquier cosa que surge en nuestra experiencia, le ponemos una etiqueta que dice: agradable, desagradable o neutro. Ocurre tan deprisa que no somos conscientes de ello. Pocas veces nos damos cuenta de la evaluación continua que hacemos de las experiencias.

Sin embargo, hoy te invito a guiarte por las palabras de Rumi cuando nos dice: “No gires tu cabeza. Sigue mirando el lugar vendado, porque es el lugar por donde la luz entra en ti.”

¿Por qué y cómo aparece el sufrimiento?

Prestar atención a tus sensaciones y a cómo te relacionas con las experiencias, te ayudará a darte cuenta de cómo con tus pensamientos, incrementas o reduces el sufrimiento asociado a las experiencias dolorosas de la vida.

Podemos clasificar nuestra sensaciones antes las experiencias en agradables, desagradables y neutras:

  • Sensaciones agradables: tenemos la tendencia a aferrarnos a lo agradable. Cada vez que la mente te dice que algo no debería estar pasando, vives una ilusión basada en el apego y el aferramiento a lo agradable. A cómo quieres que sean las cosas. Llevar tu atención de forma consciente a esas sensaciones agradables, debilita tu tendencia a aferrarnos a ellas y a anhelar obsesivamente que se repitan de forma continuada.
  • Sensaciones desagradables: tenemos la tendencia a alejar lo que nos resulta desagradable. Sin embargo, tratar de evitarlo o enterrarlo, acaba por intensificar esas experiencias o por hacer que se manifiesten de otra forma. Observar las sensaciones desagradables, en vez de quedarte fijado en la incomodidad, debilita también la tendencia a la aversión y la resistencia. Una mejor estrategia es aceptar las experiencias desagradables de la vida como parte de una vida rica y plena y verlas con compasión, curiosidad y alegría.
  • Sensaciones neutras: en cuanto a las experiencias que nos resultan neutras, nos resulta más difícil involucrarnos. Se nos antojan menos interesantes al no llevar asociada una carga emocional intensa. Por lo que también nos es más difícil estar presentes en ellas.

Comenzar a practicar: llevando la atención a tus sensaciones.

Para comenzar a llevar tu atención a las sensaciones asociadas a las experiencias, te invito a realizar la siguiente práctica:

  • Asóciate al recuerdo de un momento muy agradable y deja que cobre fuerza. Trae los pensamientos, emociones y sensaciones agradables asociados a esa experiencia y exagéralos. Observa cómo lo sientes en el cuerpo. Cómo está tu mente cuando sientes un recuerdo placentero. Cómo se siente tu corazón. Disfruta de esta experiencia durante un par de minutos. Si en cualquier momento tu mente se distrae, con determinación y amabilidad, tráela de nuevo a ese recuerdo agradable.
  • Haz unas cuentas respiraciones profundas y a continuación piensa en algún recuerdo desagradable. Algo que te haga sentir infeliz. Deja que ese recuerdo cobre toda la fuerza que seas capaz de sostener. Recuerda que estás a cargo y en control, pues lo que estás haciendo no es más que un experimento mental. Si te parece bien, exagera los aspectos desagradables de la experiencia para sentirlos con más fuerza. Fortalecer tu capacidad de afrontar lo difícil genera una fuerza inmensa y una gran libertad. Los recuerdos desagradables llevan consigo a menudo emociones como la ira, el miedo, la tristeza, etc. ¿Existe alguna resistencia de pasar de un recuerdo agradable a otro desagradable?, ¿cómo se manifiesta esa resistencia?, ¿puedes localizarla en la mente o en el cuerpo?. Percibe si observas alguna contracción o tendencia de alejamiento de la experiencia. Dedica un par de minutos a observar las reacciones de tu cuerpo y tu mente. Y si en cualquier momento tu mente se distrae, con determinación y amabilidad, tráela de nuevo a esta experiencia.
  • Haz unas cuentas respiraciones profundas, dejando ir la experiencia anterior y liberando los sentimientos asociados a ella. Trae a tu mente el recuerdo de un momento que no sea ni agradable ni desagradable. Elige algo concreto y observa si puedes traer este recuerdo a la mente con toda la viveza posible. ¿Cómo lo sienten la mente y el cuerpo?. Percibe si es difícil involucrarte en la visualización. Si te parece menos interesante porque no lleva una carga intensa. ¿Qué suele hacer tu mente cuando las experiencias son neutras?, ¿es más difícil estar presente?. Observa las sensaciones físicas, emociones o pensamientos asociados a este recuerdo, durante los 2 próximos minutos.

¿Cómo habitar la vida con alegría?

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. Con solo prestar atención a tus sensaciones físicas, emociones y pensamientos, e identificarlos, surge la conciencia de forma espontánea.

Es posible observar la experiencia sin identificarse con ella. Al entrenar la mente a observar una emoción como una emoción, un pensamiento como un pensamiento, y una sensación como una sensación, no como algo agradable o desagradable, se abre la oportunidad de observar y experimentar esos fenómenos desde una perspectiva amplia y no reactiva.

Las emociones están diseñadas para surgir y desaparecer rápidamente, y si las observas sin juicio, con apertura y curiosidad, así es como tienden a comportarse.

Solo un corazón abierto nos permite tomar la vida con alegría. Cuando te aproximas a cada experiencia desde la alegría que implica tener el corazón abierto, cultivas en ti una actitud atenta, espaciosa, amable y compasiva para acercarte a todo tipo de experiencias. Sean éstas agradables o desagradables.

Busca la felicidad eudaimónica que surge de abrazar la vida como un todo, y no solo una pequeña parte de ella. Cultiva una alegría que no dependa de las circunstancias externas, del placer hedónico que no es sino aferrarte a lo externo. Lo externo va y viene. Y ya sabes que todo pasa.

Y como dijo Izumi Shikibu “Aunque el viento nos golpeé terriblemente aquí, la luz de la luna también se filtrará entre las tejas de esta casa en ruinas”.

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