En las relaciones personales y en los equipos de trabajo surgen conflictos que están vinculados con diferencias de valores. Uno de los aprendizajes clave que se produce en el ámbito del coaching es entender que no existe una única manera de interpretar la realidad. Un mismo hecho adquiere matices y lecturas diversas en función de la experiencia, las creencias, las prioridades, el momento personal, el entorno y, por supuesto, los valores. ¿Cómo evitar que los conflictos de valores deriven en dos posturas que parecen irreconciliables? ¿Cómo gestionar las diferencias de valores en un conflicto?
1. Buscar otros valores en común
¿Cómo buscar algún aspecto en común en un contexto que parece que está condicionado, principalmente, por las diferencias? Más allá de los valores que se perciben con más claridad en cada una de las partes implicadas, es posible aportar luz a la situación con la integración de otros valores que son relevantes para los implicados (aunque sea en un grado diferente).
2. Simetría: afrontar el conflicto desde el respeto
Los conflictos de valores, en ocasiones, parecen reflejar el comportamiento de dos oponentes que pretenden derribar a su rival a través de la reafirmación de su propia posición. Es aconsejable crear las condiciones propicias para buscar un acuerdo que sea realmente significativo para ambos desde la simetría. Es decir, el vínculo entre los implicados debe abordarse desde la asertividad, la atención consciente, el reparto del turno de palabra… ¿Cómo trascender más allá del punto de vista personal, sin renunciar a los propios valores? Desde la flexibilidad. Define cuáles son los puntos que, a modo de límite, resultan innegociables. Pero muestra tu confianza y tu liderazgo para alcanzar un acuerdo constructivo para los implicados desde la perspectiva “todos ganamos”.
3. Mediación: un proceso de entendimiento para propiciar el encuentro
El coaching proporciona diferentes herramientas de comunicación, liderazgo y autoconocimiento que pueden ser muy prácticas para solucionar conflictos que se cronifican ante la diferencia de valores. La mediación crea puentes en este contexto a través de un proceso que facilita la búsqueda de nuevas alternativas.
4. Cómo gestionar las diferencias de valores en un conflicto: cuidado con el ego, el orgullo y la vanidad
La honestidad en el proceso de conocimiento es clave para establecer un vínculo fuerte y sólido con uno mismo. El sentido de la coherencia en la acción debe alinearse, principalmente, con la ética y los valores personales. Sin embargo, en los conflictos personales también surgen estrategias, palabras, mecanismos de defensa que, en ocasiones, ponen el foco en el ego, el orgullo o la vanidad. La superación de conflictos es inherente a la existencia humana como se percibe en tantas historias que han dejado su legado creativo en la literatura, el teatro o el cine. Por ello, el arte no solo es un universo de inspiración a nivel de inteligencia emocional, sino que también resulta terapéutico cuando se disfruta desde la empatía, la atención y el entretenimiento. Es decir, existen historias que aportan ideas y lecciones sobre superación de conflictos por diferencias de valores.
5. Valores compartidos, aunque en un orden diferente
Cuando dos personas afrontan un conflicto vinculado con una diferencia de valores, eso no implica que ambas estén totalmente en desacuerdo respecto a un principio específico. En ocasiones ocurre que cada uno concede un orden de importancia diferente a ese valor que es posible clarificar a través de ejemplos, metáforas, argumentos…
6. Cómo gestionar las diferencias de valores en un conflicto: hay que poner atención en el objetivo
Cuando dos personas tienen un desacuerdo en el marco del trabajo en equipo, más allá de sus valores específicos, también deben recordar el rol que desempeñan en la empresa, los valores de la organización, las necesidades del proyecto, sus responsabilidades… ¿Cómo encontrar una orientación clara en el mapa de una situación para avanzar cuando parece que el diálogo se bloquea ante las diferencias de criterio? El objetivo se convierte en la referencia de un horizonte compartido.
Los conflictos de valores, aunque a veces se interpretan de forma negativa en las relaciones personales, reflejan la realidad del ser humano desde el punto de vista ético. El propio ser humano evoluciona a lo largo de su vida de tal forma que, puede ocurrir, que un valor que ocupó un lugar determinado en la toma de decisiones o en su filosofía vital, adquiera una perspectiva distinta con el paso de los años. ¿Qué es lo que no conviene hacer cuando se produce un conflicto de este tipo en el trabajo, en la empresa o en las relaciones familiares? Convertir esa circunstancia en un asunto en el que el entorno cercano debe implicarse para mostrar su aprobación hacia una u otra parte.
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