Aprender cómo dar y recibir feedback nos ayuda a descubrir nuestros puntos ciegos. Muchas veces estamos tan enfocados en un ángulo concreto, en nuestra propia perspectiva y en nuestra manera de hacer las cosas que dejamos varios ángulos muertos.

Podemos mirar una situación muchas veces y, aun así, no verla completa. Por eso, cuando recibimos un comentario, una evaluación o una opinión sobre una situación, un comportamiento o un trabajo, aparece ante nosotros una perspectiva diferente.

No cambia lo que ha sucedido, pero sí puede cambiar nuestra manera de comprenderlo. Nos enriquece. Nos da un mapa más amplio.

Para mí, ahí está el verdadero sentido del feedback: en crecer y ayudar a crecer. En desarrollar nuestro potencial, tanto cuando recibimos una opinión como cuando somos nosotros quienes se la ofrecemos a otra persona.

Porque cuando recibimos feedback aprendemos cosas sobre nosotros mismos que quizá no habíamos visto. Pero cuando lo damos también crecemos. Tenemos que aprender a observar, a escoger nuestras palabras, a escuchar y, muchas veces, a dejar a un lado nuestra necesidad de tener razón.

Una mirada diferente, no un juicio

Antes de dar o recibir feedback hay que tener algo muy presente: no es —o no debería ser— un juicio, sino otra mirada.

Si cuando estamos a punto de decir algo nos surge la duda de si nuestras palabras están demasiado cargadas de juicio, creo que es mejor dar un paso atrás. Parar y reformularlas.

También cuando recibimos una opinión tenemos que recalibrarla. Escuchar lo que nos están diciendo, observar qué nos provoca y decidir qué parte queremos recoger y qué parte preferimos dejar.

La persona que nos ofrece su opinión no posee toda la verdad. Nosotros tampoco. Pero puede mostrarnos algo que, desde nuestra posición, no alcanzábamos a ver.

Eso es lo valioso. Quedarnos con aquello que pueda enriquecernos, ayudarnos o impulsarnos. El feedback no debería servir para empequeñecer a nadie, sino para ayudarle a desarrollar su potencial.

El feedback como un espejo prestado

A mí me gusta ver el feedback como otro espejo que amplía nuestra visión.

A veces tenemos espejos que solo nos muestran de busto para arriba o desde un ángulo concreto. Otros pueden estar un poco deformados por el uso. Nos acostumbramos tanto a mirarnos siempre en ellos que creemos que esa es la única imagen que existe.

Recibir feedback es como si alguien nos prestara su espejo. De repente, vemos un reflejo diferente.

Ese espejo no nos cambia. Tampoco nos define. Pero puede ayudarnos a identificar fortalezas que quizá no valorábamos o comportamientos que pueden estar frenándonos sin que seamos conscientes.

También hay que recordar que el espejo de la otra persona tampoco es perfecto. Nos muestra su perspectiva, marcada por sus experiencias, emociones y forma de entender las cosas. Por eso puede ofrecernos información valiosa, pero no una verdad absoluta.

Recibir feedback también requiere valentía

Para estar dispuestos a recibir feedback hay que ser valientes. Tenemos que reconocer nuestra vulnerabilidad y estar preparados para trabajar con lo que escuchemos.

Muchas veces vamos a oír cosas que no nos gustan. Es fácil decir que aceptamos las críticas, pero no siempre es tan sencillo cuando señalan algo que nos duele o que nunca habíamos visto en nosotros.

Por eso es importante no confundir lo que hacemos con lo que somos. Que alguien cuestione una conducta no significa que esté cuestionando nuestro valor como personas. Quizá solamente nos está mostrando que la forma en la que estamos haciendo algo podría ser diferente.

También necesitamos confiar en nosotros mismos porque no todo feedback debe aceptarse como una verdad absoluta.

Podemos escucharlo, reflexionar y decidir qué parte nos resulta útil. Recibirlo con apertura no significa obedecerlo ciegamente.

Desde mi punto de vista, cuando el feedback se ofrece de manera honesta, podemos acogerlo como un regalo. Lo recibimos, lo observamos y agradecemos a la persona que se haya tomado el tiempo de ofrecérnoslo. Después, en silencio, decidimos qué queremos hacer con él.

Hay regalos que nos encantan desde el primer momento y otros con los que no sabemos muy bien qué hacer. Con el feedback puede pasar lo mismo.

Dar feedback es un acto de generosidad

Dar feedback también puede ser un acto de generosidad si se hace desde la honestidad, el respeto y las ganas reales de aportar algo.

Significa dedicar tiempo a observar a otra persona y ofrecerle información que pueda ayudarla a crecer. Pero también supone una responsabilidad. No se trata de decir todo lo que pensamos de cualquier manera y justificarlo diciendo que estamos siendo sinceros.

Antes de ofrecer una opinión podríamos preguntarnos:

  • ¿Quiero ayudar a esta persona o solamente descargar mi malestar?
  • ¿Estoy hablando de un hecho concreto o juzgando su forma de ser?
  • ¿Mis palabras pueden ayudarla a avanzar?
  • ¿Estoy dispuesto a escuchar también su punto de vista?

Los comentarios y las observaciones tienen que ser concretos. Decir “lo has hecho mal” o “yo lo habría hecho de otra manera” no ayuda demasiado.

Es más útil explicar qué hemos observado, qué impacto ha tenido en nosotros, cómo hemos vivido la situación y qué creemos que podría hacerse de forma diferente.

Siempre recalcando que hablamos desde nuestra perspectiva. Nuestra mirada puede ser valiosa, pero no es más importante que la de los demás.

Dar feedback también nos hace crecer. Nos obliga a desarrollar la empatía, la capacidad de observación y la manera en la que nos comunicamos. Nos enseña que podemos ser honestos sin ser crueles y cuidadosos sin dejar de decir lo que pensamos.

También necesitamos saber qué hacemos bien

A todos nos gusta escuchar qué hemos hecho bien, cuáles son nuestras cualidades y qué cosas nos caracterizan positivamente. ¿A quién no?

Por eso, el feedback no debería aparecer únicamente para corregir errores.

Saber qué hacemos bien nos permite repetirlo, consolidarlo y seguir creciendo desde nuestras fortalezas. A veces necesitamos que otra persona nos señale una capacidad o una cualidad que nosotros mismos no habíamos sabido reconocer.

Eso también es desarrollar nuestro potencial.

Un buen feedback no debería empequeñecernos, sino ampliar nuestra capacidad de crecer.

Una conversación, no un monólogo

Para mí, cuando damos o recibimos una opinión tenemos que recordar que estamos participando en una conversación. No estamos ante un monólogo ni ante un veredicto.

Después de ofrecer una observación es importante preguntar:

  • ¿Cómo lo ves tú?
  • ¿Cómo viviste esa situación?
  • ¿Qué parte de lo que te digo te resulta útil?
  • ¿Qué crees que podrías hacer de otra manera?

Y después hay que escuchar de verdad. Porque no podemos pedirle a alguien que reciba nuestra opinión si nosotros no estamos dispuestos a recibir la suya.

El crecimiento se produce en las dos direcciones. Crece quien se atreve a escuchar, pero también quien aprende a expresar lo que ve con respeto.

El feedback y el coaching: crecer a partir de lo que descubrimos

Para mí, el feedback y el coaching son dos herramientas que se complementan para alcanzar un objetivo: ayudarnos a crecer y desarrollar nuestro potencial.

El feedback ofrece información sobre algo que ya ha ocurrido. Puede decirnos: “Esto es lo que he observado”.

El coaching ayuda a transformar esa información en aprendizaje y acción. Añade preguntas como: “¿Qué descubres al escucharlo?” o “¿Qué quieres hacer a partir de ahora?”.

El coach no nos da necesariamente todas las respuestas. A través de sus preguntas, ayuda a la persona a encontrar sus propias soluciones, asumir la responsabilidad sobre sus decisiones y definir los siguientes pasos.

Al final, el feedback nos ofrece una mirada y el coaching nos ayuda a decidir qué hacemos con ella.

Quizá nunca podamos vernos desde todos los ángulos. Pero podemos aprender a mirar a través de los ojos de otras personas sin dejar de confiar en los nuestros.

¿Qué podríamos llegar a descubrir y desarrollar si nos atrevemos a dar y recibir feedback con más honestidad, respeto y sin miedo?

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Laura Barrios Soto soy experta en Coaching Online (Crearte, 2023) y disfruto como coach para madres conscientes. Acompaño a mujeres en su proceso de maternidad para gestionar sus emociones, redescubrirse y vivir con mayor equilibrio y propósito.  Me encuentras en @criandoycuidando.

 

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