La inteligencia emocional, que tiene una aplicación esencial en el campo de la enseñanza, proporciona herramientas importantes a profesores y maestros. Es una preparación que puede aplicarse en el aula, pero conviene puntualizar que la inteligencia emocional eleva el nivel de conocimiento que el profesional tiene de sí mismo. Es decir, también puede ser clave en el fortalecimiento de la autoestima, la gestión de la incertidumbre, la práctica del liderazgo, el desarrollo de la asertividad…

Maestros y profesores afrontan, actualmente, un proceso de actualización constante con nuevos cursos que ponen el foco en diferentes perspectivas como, por ejemplo, la tecnología (que está tan integrada en la enseñanza). Pues bien, los talleres, libros y propuestas de formación que ofrecen recursos y herramientas para seguir avanzando en la empatía, la comunicación, las habilidades de negociación y la expresión emocional ofrecen un apoyo esencial. En Crearte enumeramos 6 beneficios de la inteligencia emocional para profesores y maestros.

1. Trabajo en equipo entre profesores y maestros

La cohesión, confianza y coordinación entre profesores mejora el trabajo en equipo. En consecuencia, también repercute en el ambiente que se respira en cada departamento y en el centro en su conjunto. Cada profesional, a nivel individual, puede sumar a través de su comportamiento, su profesionalidad y su humildad la semilla de la inteligencia emocional como una luz que inspira a los demás. La inteligencia emocional promueve la búsqueda de acuerdos, el establecimiento de objetivos, la reciprocidad y el apoyo mutuo.

2. Afrontar la incertidumbre profesional, clave para profesores interinos

Muchos profesores y maestros son interinos que conviven con la incertidumbre de no saber en qué destino se encontrará su próxima vacante, ni cuánto tiempo durará su próxima sustitución. Esta circunstancia influye en el propio proyecto vital y en la forma de planificar el futuro. La inteligencia emocional, como práctica consciente, es nutritiva para poner el foco en un futuro esperanzado y disfrutar más el presente. Es decir, es recomendable que la añoranza de una experiencia laboral previa no eclipse una vivencia reciente. Pero también es fundamental que aquello que puede llegar a ocurrir no se convierta en una interferencia para disfrutar del proceso actual.

3. Fomentar el autocuidado a lo largo del curso

El trabajo docente, que en ocasiones parece diferenciarse por las largas vacaciones de verano, tiene una complejidad que pasa desapercibida para muchas personas. Es un trabajo tan intenso que, en ocasiones, es difícil establecer una separación entre la vida profesional y el plano personal. Y es que, existen múltiples tareas que atender: corregir exámenes, preparación de las próximas clases, seguir aprendiendo sobre distintos temas… El autocuidado es un valor clave para prevenir el estrés, el síndrome del impostor o el desgaste profesional que puede acentuarse hacia la recta final de curso o en un contexto en el que existen variables complejas.

4. Mejorar y fortalecer la relación con las familias

El trabajo docente está directamente vinculado con el desarrollo de las habilidades sociales: con los compañeros de trabajo, con otros profesores del mismo departamento, con los alumnos y, por supuesto, con las familias. ¿Cómo mejorar y fortalecer la relación con padres y madres? La inteligencia emocional es decisiva para atender los detalles que se perciben en los matices. Por ejemplo, el docente mejora su comunicación cuando descubre que no solo importa el contenido de una información, sino también la manera en la que transmite el mensaje.

5. Atención personalizada

La atención a las necesidades individuales de cada alumno va más allá de la formación que un docente invierte en inteligencia emocional. Es decir, su trabajo se enmarca en un contexto en el que, más allá de lo que sería deseable desde el punto de vista educativo, en ocasiones surgen dificultades ante las numerosas gestiones que hay que atender fuera del aula o las situaciones tan complejas que pueden producirse en aulas con muchos alumnos. Pero la práctica de la inteligencia emocional sí promueve esa orientación hacia una atención personalizada que pone el acento en las necesidades individuales y en el conjunto del grupo.

6. Fomentar una visión integral de la educación

Incluso cuando el ámbito de especialidad de un docente se enfoca en una disciplina en concreto, la inteligencia emocional es el complemento perfecto desde el punto de vista de una educación integral que promueve los valores, el desarrollo pleno de la persona, el bienestar y la convivencia positiva en el aula.

Vamos avanzando hacia recta final del curso presente, pero los temas educativos tienen una gran trascendencia en la sociedad más allá del periodo del año: el acoso escolar, que actualmente tiene repercusión más allá de las instalaciones del propio centro, es un ejemplo de ello. La pérdida de autoridad de profesores y maestros en el aula es otro tema de interés. Por otra parte, también existen muchos estereotipos en torno a la labor de enseñar. Por ejemplo, es cierto que es un trabajo que puede realizarse de una forma vocacional. Sin embargo, esa vocación también puede romperse poco a poco si las circunstancias de trabajo generan un desgaste paulatino en forma de una sobrecarga continua. La inteligencia emocional es clave para profesores, docentes y maestros de los distintos niveles educativos. Y en Crearte impartimos formación altamente especializada en inteligencia emocional y en coaching que proporciona recursos para profesionales que trabajan en el plano educativo.

 

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando...