Uno de los puntos principales de un proceso de coaching es que el cliente confronta su propia realidad a partir de preguntas que son luz. El coaching es especialmente significativo porque desde que somos niños, estamos acostumbrados a seguir una metodología opuesta en el ámbito de la enseñanza.

Generalmente, somos nosotros como alumnos quienes hacemos una pregunta a la autoridad competente esperando una respuesta concreta que damos por cierta. Sin embargo, un proceso de coaching pone al cliente ante su verdadera posición existencial: la de protagonista. Es él quien debe contestar las respuestas y no puede delegarlas en nadie más que en sí mismo. Tampoco puede mentirse porque si lo hace, se está engañando a sí mismo.

El coaching nos pone ante el reto de vivir, observando la realidad con ojos nuevos gracias a una implicación ante la realidad. Como explica El Principito: “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”. Este es un mensaje inspirador que muestra cómo, algo es realmente significativo para nosotros cuando nos hemos implicado afectivamente.

Desde esta perspectiva, el coaching es un acto de amor propio que toma aquel cliente que invierte parte de su tiempo en un objetivo. Esta es una de las razones por las que, en un momento de compras y consumo navideño, también podemos invertir en experiencias de crecimiento personal como regalos de un nuevo año. Como explica Albert Einstein: “Los problemas no se pueden resolver en el mismo nivel de pensamiento en que han sido creados”.

El coaching conecta de forma directa con la filosofía Socrática y con algunos de sus principios esenciales: la mayéutica es uno de ellos. Más allá de la vinculación esencial entre el método socrático y el coaching conviene puntualizar que el filósofo griego no fue el creador de éste. Sin embargo la mayéutica sí es un buen punto de inspiración de la labor del coach.

De este modo, al igual que Sócrates llevaba a cabo una filosofía en la que cada ser humano podía acceder al conocimiento esencial por sí mismo, en un proceso de coaching, el cliente también aprende de sí mismo en su experiencia vital.

Lo realmente novedoso del coaching es que el cliente encuentra sus propias conclusiones sin ningún tipo de influencia directiva por parte del coach. Recordamos un mensaje de San Agustín de Hipona que inspira este valor de introspección: “No salgas fuera de ti, vuelve a ti, en el interior del hombre está la verdad”. Y la metodología del coaching actúa como un agente facilitador de este cambio.

El coach establece con el cliente una relación de ayuda que es el principio de la alianza. Para el cliente, la experiencia simboliza el camino recorrido a lo largo de las sesiones que dura el proceso.

Tomamos conciencia de cuál es el valor de las preguntas poderosas cuando escuchamos una pregunta que apela de forma directa a una parte esencial de nosotros mismos. Hemos podido vivir este tipo de situaciones en ámbitos de la vida muy diferentes: trabajo, universidad, amistad… Es decir, las preguntas poderosas no son exclusivas del coach. Sin embargo, en un proceso de coaching se crea un contexto que sumado a las competencias del buen coach y a la apertura mental del cliente, genera un puzzle vital. Y como si se tratase del camino hacia lo alto de una montaña, podemos encontrar piedras en el camino, obstáculos que nos hacen retroceder o incluso, caer. Sin embargo, la cima es la libertad de alcanzar la verdad del alma, no del ego.

Este mensaje de Octavio Paz también es visual para comprender el alcance del coaching: “Ser uno mismo es, siempre, llegar a ser ese otro que somos y que llevamos escondido en nuestro interior, más que nada como promesa o posibilidad de ser”.

¿Y por qué el valor del coaching es especialmente significativo en esta época del año? Porque el mes de enero es tiempo de nuevos deseos que, en muchos casos caen en el olvido en el mes de febrero. Por una sencilla razón, cuando nos planteamos deseos que no convertimos en objetivos es inevitable que la idea no se materialice en la realidad.

Y también, cuando solo nos fijamos en la meta pero no en las renuncias que tendremos que hacer para completar el plan de acción, tenemos una visión reduccionista de la realidad. Y desde esta óptica, nuestra perspectiva es parcial.

Sin embargo, el coaching no puede hacer nada cuando el cliente piensa que ya no tiene edad para cambiar. Tampoco te ayudará si esperas un manual de consejos útiles para vivir mejor.

 

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