En una entrada anterior hablamos sobre cuatro estilos educativos, a saber, estilo autoritario, negligente, permisivo y responsable. Y te invitábamos a reflexionar sobre cuál es tu tendencia natural en tus relaciones cuando asumes tu rol de padre o educador. Desde esa toma de consciencia, puedes flexibilizar esa tendencia tuya con el fin de adaptar ese estilo a lo que sea más adecuado en cada situación o a las necesidades de tu hijo o alumno en cada momento.

No hablamos, por lo tanto, de estilos “buenos” o “malos”. Hablamos de  actuar desde aquel que sea más adecuado para el crecimiento madurativo y equilibrado de nuestros hijos o alumnos, en función de las circunstancias o necesidades de ellos. Se trata, por lo tanto, de poner el foco en sus necesidades educativas, no de actuar exigido por tus necesidades, experiencias, creencias sobre lo que significa ser un “buen” padre o profesor en este asunto. Y por ello la necesidad de cultivar la flexibilidad.

De ahí que, frente a un mismo hecho, el estilo educativo desde el que actúes puede ser diferente. Imagínate que tu hijo adolescente deja todo tirado por la habitación, teniendo tu que ordenarla  una y otra vez. O que tu hija de cuatro años llora y llora cada vez que pide algo y no se lo das de forma inmediata. ¿Desde qué estilo educativo sería más adecuado actuar? Desde aquel que nos ayude a lograr el fin educativo que buscamos. Claro que, para eso, es necesario preguntarse antes cuál es este fin educativo: pudiera ser aprender hábitos de convivencia y respeto mutuo en la relación con los otros,  desarrollar cierta tolerancia a la frustración, ser consciente del necesario equilibrio entre dar y recibir, la relación entre derechos y deberes…por ejemplo. Es decir, qué es lo que va a ayudar a mi hijo o alumno a crecer de forma equilibrada en sus relaciones y comportamientos ante la vida.

Y para ello quizá te ayude echar una mirada a “tu relación” con todo ello. ¿Cómo es tu relación con la frustración, con poner límites, con ese equilibrio entre dar y recibir…? Tomar conciencia, una vez más, es una poderosa manera de comenzar a tomar el rumbo que queremos. Y así poder ir , en este asunto, más allá de la posible necesidad de parar mi malestar interno con esa situación, compensar posibles sensaciones de culpa, moverme desde la  sobrecarga emocional o desde una mirada muy rígida,  o bien sobre-identificándome con mi hij@ o alumn@ viviendo la situación desde mi.

Si , por ejemplo, estoy actuando  desde un estilo permisivo, ordenando su habitación una otra vez, aunque me queje, o  dando a mi hija de cuatro años  lo que sea con tal de que deje de llorar , aún protestando por ello, y el hecho se repite una y otra vez, la situación educativa me está demandando situarme desde otro estilo, más hacia el autoritario / responsable.

La tendencia social, es decir, aquellos estilos educativos mejor vistos socialmente en función de diversos factores ( valores, costumbres, creencias sociales, etc) en un momento dado, también nos influyen a la hora de situarnos con mayor facilidad en uno u otro.

Si miramos hacia atrás, hace unos cuantos años, el estilo educativo más aceptado tendía hacia el autoritario. Hoy día, la tendencia ha cambiado y se sitúa más hacia el permisivo. Ya hemos comentado que lo principal es no mantenerse en uno de ellos constantemente, sino ejercitar la flexibilidad en función del fin educativo y las circunstancias. Puesto que tienen consecuencias en el desarrollo de nuestros hijos o alumnos. Te  resumo en el siguiente cuadro lo que puede conllevar ser rígido en un solo estilo.

Como ya sabes, en esto de educar, no hay “recetas” que sirvan siempre y para todos. Hablamos de personas y por ello, diferentes, ricas y únicas. Pero ser consciente de ciertos aspectos en relación a tus tendencias a la hora de educar desde esquemas que te ayuden a comprender mejor la realidad,  te puede servir para adaptarte mejor en el acompañamiento a tus hijos o alumnos en este maravilloso camino de cambio continuo que es la VIDA.

Si te perdiste la parte 1, pincha en el siguiente enlace:

Estilos educativos. Parte 1

 

 

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