Llega el final de año y, con ello, la lista de deseos, de anhelos, de objetivos. Y quizá más de uno o una, en alguna ocasión, con la vista puesta en el nuevo calendario hubiésemos deseado tener un propósito claro.

Pero el propósito no aparece por arte de magia. No se inventa. No se busca abriendo mil puertas u oportunidades. Se escucha. Está ahí antes de que hagamos nada. Es un don, una virtud integrada que nos viene dada y que ya forma parte de nosotras, aunque no siempre sepamos nombrarla.

El problema no es que no tengamos propósito; el problema es que no solemos darnos el tiempo, la calma y el espacio para escucharlo.

El ritmo frenético del día a día, el perseguir objetivo tras objetivo sin pararse a pensar el sentido del mismo, nos agota, nos confunde, y escuchar no es tan sencillo como parece.

A veces es esa sensación de vacío, de falta de rumbo, la que nos obliga a mirar hacia dentro. Esa sensación de vértigo que tantas veces interpretamos como un error.

Durante años me he visto intentando taparlo: llenarlo de actividad, de respuestas rápidas, de objetivos bien formulados. Pero ahora lo tengo cada vez más claro: ese vértigo no señala que algo vaya mal; señala que no nos estamos escuchando, que no estamos alineadas.

Para poder escuchar de verdad, hay algo que suele ser necesario desaprender: mirar fuera.

Cuando empezamos a pensar en qué queremos, miramos fuera. Contestamos lo que “se supone” que nos tiene que gustar, lo que se espera de nosotros en el ámbito familiar o laboral. Y, sin embargo, lo importante de la vida, lo auténtico, siempre va de dentro hacia fuera.

Por eso el propósito no empieza con la pregunta que a menudo nos planteamos ante momentos de crisis, de cambio o de una nueva etapa: ¿Qué voy a hacer?, sino con otra mucho más incómoda y honesta: ¿Quién soy y quién quiero ser?

Y ya después, trazar la ruta hacia nuestra construcción tras la deconstrucción. Tomar conciencia y ver lo que nos sirve y lo que no. Lo que ya no nos representa o no nos ayuda. Ser ligeras y flexibles para conseguirlo. Para ello tenemos que eliminar creencias.

Aquí es donde, para mí, entra el coaching de verdad. Una técnica, una ayuda, para volver al centro. Para regresar a casa. Para hacerme buenas preguntas que me devuelvan a ese lugar donde puedo escucharme sin tanto ruido. Para construir una vida en la que me sienta a gusto.

El coaching me ayuda a eso: a parar, a volver, a escuchar. A reconocer qué está pidiendo ahora ese don que llevo dentro y cómo necesita ser cuidado. Porque el propósito es como una semilla que llevamos dentro. No se fuerza porque de nada sirve. No se cultiva desde la prisa. Y para cultivarlo necesito tiempo, cuidado, paciencia y honestidad conmigo misma.

Hace tiempo me asustaba cuando el propósito que tenía antes tan claro parecía que perdía fuerza. Pero ahora he ido entendiendo algo importante: el propósito puede cambiar. Porque somos seres en evolución continua. No somos las mismas con 30, con 40 o con 50.

Cuando bajamos el ruido, cuando algo nos hace brillar los ojos porque conecta con lo que llevamos dentro, aparece un propósito que nos hace bien y que, además, puede contribuir a los demás.

En un mundo donde la economía tiene tanto peso, parece que el propósito debe ser rentable, monetizable. Pero olvidamos su valor en sensaciones y emociones.

Mi propósito no tiene que ser útil para todos —aunque a veces lo sea—. Tiene que ser verdadero para mí. Y muchas veces ya está actuando en mi vida, aunque no lo haya llamado así. Porque todas tenemos fortalezas; simplemente no siempre somos conscientes de ellas. No es que no tengamos recursos: es que no los estamos mirando. Y reconocer lo que se te da bien cambia completamente la forma en que enfrentas la vida.

A veces el propósito no es crear algo nuevo. En el coaching puede ser crear un espacio seguro. Las personas necesitamos hablar. Necesitamos herramientas, acompañamiento. Muchas veces no buscamos respuestas, sino un lugar donde escucharnos. Y acompañar desde la presencia, la conversación y la escucha es una forma muy concreta de propósito.

Cuando vivimos honrando nuestro propósito, se nota. Porque estar alineadas es tener ese motor interno que nos da gasolina y nos activa por dentro. Cuando está presente, hay vitalidad, incluso en el cansancio. Cuando falta, lo notamos enseguida: nos sentimos perdidas, sin rumbo, desmotivadas.

No porque todo vaya mal fuera, sino porque por dentro algo no está alineado.

No basta con hacer. Necesitamos comprender. Necesitamos coherencia. Porque si no alineamos lo que pensamos, sentimos y hacemos, el cuerpo se encarga de avisarnos tarde o temprano. Primero susurra. Luego grita.

Ahora bien, escuchar no es quedarse quieta para siempre. Escuchar es el primer acto de responsabilidad. Después viene el cultivo. Y después, inevitablemente, viene el movimiento. Pasar de la decisión a la acción. Porque sin acción nada cambia. Nunca se da el salto en condiciones ideales, porque la situación perfecta no existe. La situación ideal se crea en el momento en que actuamos.

El propósito no se encuentra: se construye en movimiento, pero no desde la prisa, sino desde la escucha previa.

Pregúntate:

– ¿Qué vas a hacer?

Empezar a crear lo que quiero crear. Primero, escribirlo.

– ¿Cuándo?

Hoy.

Nada grandioso. Solo real. El objetivo simplemente marca una dirección: la dirección en la que empezar a caminar. El propósito se honra con acciones pequeñas, conscientes, alineadas. Con escribir una página. Con iniciar una conversación pendiente. Con reservar un tiempo que necesito, pero postpongo. Centrarnos y estar en el presente en cada uno de nuestros actos. Cuando estoy comiendo, estoy comiendo. Cuando me ducho, me ducho. La coherencia empieza ahí: en los gestos cotidianos.

Quizá de eso se trate al final: no de llegar a un lugar concreto, sino de vivir alineada mientras vas viviendo tu vida. Porque cada amanecer cuenta, pero también es una cuenta atrás. Porque no somos eternas y, como no sabemos cuándo se pondrá el contador a cero, es mejor diseñar y crear una vida en la que me sienta a gusto. Y porque volver a casa es siempre volver a ti.

 

Autora: Laura Barrios Soto

Formación Crearte: Experta en Coaching online 2023

Coach para madres conscientes. Acompaño a mujeres en proceso de maternidad para que se redescubran, gestionen emociones y vivan con equilibrio, amor y propósito. Creo en la lentitud, el autocuidado y el apoyo comunitario como pilares de una maternidad consciente y transformadora.

 

 

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (5 votos, promedio: 4,60 de 5)
Cargando...