Los equipos de trabajo, al igual que cualquier otro sistema vivo, evolucionan pasando por diferentes etapas desde su constitución hasta su madurez o su muerte.

Tanto los coaches que acompañamos equipos de trabajo como los líderes de estos mismos equipos, es muy importante que conozcamos en qué fase de vida se encuentra un equipo y que tengamos en cuenta las emociones y los comportamientos asociados a cada una de estas etapas.

Puesto que en cada momento de vida de un equipo existen diferentes estrategias, patrones, creencias, emociones, valores, etc., nuestro trabajo deberá variar en función de todo ello, adecuándose a las necesidades reales de cada equipo.

¿Y cuáles son las etapas por las que debe pasar un equipo para llegar a su máximo nivel de competencia?

Etapa 1: Creación del equipo

Cuando se constituye un equipo, sus miembros exploran cautelosamente los límites dentro del mismo.  Nos encontramos ante una etapa de transición de un estado individual a un estado de miembro del equipo.

Durante esta fase son habituales sentimientos de excitación, optimismo, orgullo por participar en un proyecto común, apego al equipo, y también cierto recelo, sospecha, miedo y ansiedad con respeto a las tareas a acometer y a si estaré a la altura de las expectativas de los demás.

El equipo se involucra en comportamientos tales como definir las tareas y decidir como se lograrán, determinar qué es aceptable y qué no, establecer cómo tratar los problemas, decidir qué información se necesita, etc.

Durante esta fase, se suelen dar discusiones abstractas y elaboradas sobre asuntos no relevantes y hay ciertas dificultades en identificar los problemas realmente importantes.

Hay muchas cosas que distraen la atención de los miembros del equipo, por lo que en esta fase no se logra casi nada con respecto a las metas del proyecto para el que el equipo fue constituido.

Etapa 2: Crisis del equipo

Durante esta fase, es como si los miembros del equipo se lanzaran al agua y pensando que se van a ahogar, comenzaran a patalear desesperadamente. Es probablemente la etapa más difícil para el equipo y también la más rica para su líder y para el coach que les acompaña.

Los integrantes del equipo comienzan a darse cuenta de que la tarea es diferente o más difícil de lo que se imaginaron, volviéndose enojadizos, gruñones, celosos y/o impacientes por la falta de progresos. Se resisten a realizar las tareas acordadas y a adoptar métodos diferentes a los que cada uno está acostumbrado.

Son frecuentes las discusiones, ponerse a la defensiva y competir, cuestionar las ideas de los demás, establecer metas irreales, preocuparse por trabajo excesivo, desunión, tensión, celos, etc.

Uno de nuestros retos en esta fase es acompañar al equipo a hacer frente a sus problemas de poder, control y conflicto, y empezar a trabajar en conjunto de manera efectiva.

Etapa 3: Autorregulación del equipo

Tras la etapa de crisis o conflicto, se comienzan a optimizar e integrar los recursos, se reconcilian las lealtades y responsabilidades que están en competencia, se aceptan las reglas fundamentales, las funciones y la individualidad de cada uno dentro del equipo.

El conflicto emocional se reduce a medida que las relaciones competitivas se vuelven más cooperativas.  Los miembros del equipo comienzan a ayudarse mutuamente. Se genera una visión compartida que da lugar a la definición de metas comunes, y al establecimiento y mantenimiento de las reglas fundamentales que regulan las relaciones dentro del equipo.

En esta etapa el equipo desarrolla habilidades para expresar las críticas de un modo constructivo, y se inicia al fin, un progreso significativo.

La duración de esta etapa puede variar enormemente dependiendo de la facilidad con la que se resuelva la insatisfacción de sus miembros y se integren nuevas habilidades.

El acompañamiento de un coach y/o la labor de un buen líder, son fundamentales para que las dinámicas internas del equipo no le hagan regresar a la etapa anterior.

Etapa 4: Madurez del equipo

Esta etapa es el momento de mayor productividad, de resultados de éxito y de celebración. Si bien, para llegar a ella es preciso haber construido un equipo cohesionado.

El equipo ha definido sus expectativas y sus canales de relación. Sus miembros han descubierto y aceptado las virtudes y áreas de mejora de cada uno, así como sus funciones en el seno del mismo. De modo que pueden comenzar a actuar, diagnosticar y resolver problemas, así como, a elegir e implantar cambios, como un sistema vivo, maduro y sano.

Durante esta etapa es común la satisfacción compartida por el progreso del equipo y el desarrollo de habilidades para prevenir o resolver problemas. Se vive desde la pertenencia al equipo, que sabe trabajar unido y sacar su trabajo adelante.

Como dijo Henry Ford “Reunirse en equipo es el principio. Mantenerse en equipo es el progreso. Trabajar en equipo asegura el éxito”.

Comenzaba el artículo hablando de la importancia de conocer en qué etapa se encuentra un equipo en cada momento de su vida, y los comportamientos y emociones asociados a dicha etapa. Este conocimiento es vital para que, tanto los coaches como los líderes de equipos, utilicemos las estrategias, las preguntas, y las herramientas más adecuadas en el proceso de acompañamiento de nuestros equipos de trabajo hacia el logro de sus objetivos y el incremento de su satisfacción.

El conocimiento, el desarrollo de nuestras habilidades y el dominio de técnicas de equipos es imprescindible si queremos utilizarlas en beneficio de nuestros clientes internos o externos.

Hoy queremos premiar tu fidelidad regalándote una de esas herramientas que refuerzan la cohesión de un equipo, además de ayudarle a reflexionar sobre su capacidad para planificar, ejecutar, analizar y adaptarse a las circunstancias.

Puedes descargar la herramienta rellenando el sidebar que se encuentra a la derecha de esta página.

Referencias:

 

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