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Llegamos al mes agosto, un gran momento para cultivar la Confianza ¿te apuntas?

Durante estos meses te he ido acercando algunas actitudes Mindfulness como la curiosidad, el no juicio, la aceptación y la distensión. Todas ellas con la intención de ayudarte a potenciar tu bienestar.

Este mes te invito a poner tu intención en «confiar».

 

¿Qué es Confiar?

Confiar es reconocer que no puedes controlar cada pequeño detalle de tu vida. Rendirte a la evidencia de que, en realidad, no controlas casi nada. Incluso los aspectos relacionados con tu supervivencia escapan casi siempre a tu control.

El mes pasado te compartía que, una de nuestras necesidades psicológicas fundamentales tiene que ver con sentirnos seguros. Cuando nos sentimos amenazados, casi instantáneamente, se dispara en nosotros una reacción fisiológica de lucha o huida caracterizada por una gran tensión muscular y por la activación de fuertes emociones como el miedo, la ansiedad, la ira, etc.

Cuando tu atención está en lo que puede ser peligroso o amenazante, habitas en un estado de alerta continuo que te hace fijarte solo en los riesgos. Lo que reduce tu bienestar, capacidad de tomar decisiones, creatividad, gestión emocional, etc.

Esta reacción de lucha o huida desencadena una cascada de activaciones del cerebro y del sistema nervioso que comienza a liberar las llamadas hormonas del estrés. Y aunque te ayude a estar más alerta, en contrapartida tienen muchos efectos negativos para la salud. Aumenta tu presión arterial, deteriora tu sistema inmune, destruye conexiones neuronales, deteriora tu capacidad de aprender y memorizar, etc.

El problema es que poco le importa al cerebro, que la amenaza sea real o que se trate de algo más abstracto o incluso imaginario. En ambos casos, la respuesta es similar.

Y la pregunta es ¿cuántas veces está tu vida ante un peligro real e inminente?

Seguro que muy pocas por no decir que prácticamente ninguna. Por lo que confiar parece la respuesta más sabia ¿no crees?

Sin embargo, la falta de confianza muchas veces nos lleva a preocuparnos. Que no es si no ocuparse antes de tiempo. Y, como dice el proverbio chino: «si un problema tiene solución, no hace falta preocuparse. Y si no la tiene, preocuparse no sirve de nada».

 

Confiar en mayúsculas

Cuando hablamos de confiar podemos referirnos a varios tipos de confianza:

  • En tus propios conocimientos y recursos para gestionar tu vida, en las sensaciones sutiles de tu cuerpo, en tu intuición para distinguir lo que es o no adecuado para ti.
  • En la bondad básica de los demás, en el apoyo de otras personas que estarán disponibles cuando lo precises.
  • En que la vida te trae las experiencias que necesitas para seguir aprendiendo y evolucionando. Aunque éstas, muchas veces no te agraden o incluso sean muy difíciles de sostener.

Esta última es la «Confianza» en mayúsculas. Esa que nos habla de que, pase lo que pase alrededor, dentro de cada uno hay un lugar seguro en el que confiar. Un lugar donde sentarse y respirar. Porque todo está bien dentro de ti, mientras puedas seguir respirando.

Quizá te sirva una metáfora que a mi me resulta inspiradora por mi propia vivencia personal. Imagina que te preparas para una inmersión en alta mar. Te sumerges con tu botella de oxígeno y descubres que el agua está tremendamente agitada. El oleaje te zarandea contra el barco. Pese a que te agarras fuerte al cabo del ancla, sigues sintiéndote a merced del oleaje. Solo deseas salir y regresar al barco. Sin embargo, si confías y comienzas a profundizar, te vas dando cuenta de que allí, en el fondo, todo está en calma. Y cuanto más profundizas, más calma encuentras.

Practicar Mindfulness, te permite ahondar en el cultivo de esa «Confianza». Profundizar te lleva a encontrar ese lugar de calma donde todo está bien, pase lo que pase fuera. Si me lees habitualmente, ya sabes lo que otras veces te he compartido: que los problemas no están en lo que sucede, sino en tu interpretación y en la relación que estableces con ello.

La «Confianza» en mayúsculas, va, por tanto, más allá de tus propias capacidades y recursos. Es una cualidad transpersonal que tiene más que ver con un estado de conciencia desde el que asentarte en ese testigo que, desde el fondo, observa el oleaje sin dejarse arrastrar por él. Que te trae la estabilidad emocional que precisas para no dejarte llevar por el miedo. Para observar la tendencia de tu mente a adelantarse a los tiempos que tu propio proceso de vida y de aprendizaje requieren. Y pese a todo ello, mantener la calma.

Reconocer este hecho te invita a vivir de un modo mas inteligente y práctico. A confiar en que detrás de cada experiencia difícil, hay un propósito. Una intención positiva dirigida a tu propia evolución. Y, aunque cuando las olas te embistan, no sepas cómo ni cuándo la mar recuperará la calma, lo que si sabes es que seguirás ahí. Más fuerte y más sabio.

 

La práctica de Confiar en que todo obedece a un fin superior

Para practicar esta actitud durante este mes, te propongo lo siguiente:

  • Lleva tu atención, de forma amable y sin juicio, a cualquier signo de inseguridad y/o desconfianza que observes en tu día a día. Observa los pensamientos y sensaciones corporales asociados, y cómo, si no te aferras a ellos, aparecen y desaparecen en el amplio espacio de tu mente.
  • Practica a diario enraizarte en una postura física de confianza. Para ello ponte en pie con las piernas separadas el ancho de tus caderas. Afianza bien tus plantas sintiendo como si echaras raíces. Alarga tu espalda elevando tu columna vertebral hacia el cielo. Proyecta el pecho hacia delante y arriba, abriendo tu corazón. Estira ambos brazos hacia el suelo, separándolos unos 25 grados del cuerpo, con las palmas de las manos bien abiertas y mirando hacia delante, como si unos rayos saliesen de tus dedos hacia la tierra. Respira profundamente. Inhala desde las plantas de los pies hasta la coronilla, y exhala desde la coronilla a las plantas de los pies. Repite varias veces este ejercicio.
  • Cada vez que sales de tu zona de confort, ésta se amplia y tu resistencia al cambio disminuye. Proponte, al menos un par de veces por semana, hacer algo que implique salir de tu zona de confort. ¿Qué es eso que no te permites hacer normalmente y vas a comenzar a cambiar?

Te invito a compartir tus reflexiones sobre las propuestas del mes. En septiembre te traigo una nueva actitud: la paciencia.

Y si te has perdido alguna de las actitudes anteriores, ya sabes que puedes encontrarlas en las entradas anteriores del blog.

Gracias y feliz mes de agosto.

 

 

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