Trabajar como coach supone integrar la ética profesional en el ejercicio de la actividad. La ética es la práctica de la virtud en el trabajo que te lleva a tomar conciencia de la responsabilidad que tienes en un campo en el que el humanismo es un valor.

Sin embargo, la ética profesional no es más que el reflejo de tu propia esencia como persona. Es decir, debes aspirar a dar lo mejor de ti mismo siempre. En el ámbito profesional y en el personal. De hecho, la ética también supone buscar la coherencia entre ambos planos.

El término deontología profesional fue utilizado por primera vez por el filósofo Jeremias Bentham. Autor del libro “Deontología o ciencia de la moral”. Una disciplina encargada de gestionar los principios esenciales en la regulación del ejercicio profesional de un colectivo determinado.

Por otra parte, el sociólogo Talcott Parsons también explica cómo la conciencia profesional implica asumir la responsabilidad personal en el ejercicio de las normas, derechos y deberes de un trabajo determinado. Esta conciencia profesional es vivida de un modo individual pero siempre en relación con el bien social.

¿Qué principios son fundamentales en el código deontológico para coaches profesionales que quieren inspirar luz y esperanza en el mundo?

Principios esenciales de la ética profesional

1. Cuidar la confidencialidad de los clientes, siempre desde el respeto a la privacidad e identidad de cada historia. El secreto profesional es fundamental en cualquier coach que debe respeto a la confianza que los clientes han depositado en él.

2. Por otra parte, otro factor ético y profesional de un coach es ser coherente con las titulaciones que tiene. Es decir, su experiencia profesional debe estar respaldada por una formación previa que está acreditada correctamente. Por ejemplo, siempre debes ser fiel a tu currículum y a los méritos reales del mismo.

3. Identificar no solo tus propios límites, sino también, tus propias competencias para saber qué casos no puedes tratar. El coaching no es una terapia, por tanto, bajo ningún concepto debes aceptar tratar un caso de una persona que en realidad, necesita un tratamiento de psicología. Incluso, para tratar casos de tu propio ámbito profesional, debes reconocer tus propios límites de tiempo porque puede ocurrir que no puedas abarcar más casos ahora mismo.

Todos los clientes merecen que estés al cien por cien de tu capacidad en cada sesión. Del mismo modo, desde el punto de vista profesional, puede ocurrir que creas que debes recomendar a otro experto a un cliente. Hacerlo es ser una persona ética, al pensar en los intereses reales de esa persona. Derivar un caso en otro profesional cualificado cuando sea oportuno. Y evitar en todo momento el intrusismo profesional en otro sector determinado.

4. Dentro de tu código deontológico como coach también debes integrar el respeto a la libertad constante del cliente que puede decidir por sí mismo que desea cambiar de profesional o prefiere finalizar el proceso.

Otros principios básicos para ser un buen profesional

Además, también es positivo que asumas tu compromiso con tu formación continua para seguir evolucionando y aprendiendo nuevas técnicas como profesional. El compromiso con la formación es un valor importante que refuerza tu excelencia como experto.

Ofrecer información clara al cliente sobre qué es el coaching, tiempo de duración de cada sesión, el precio  y cualquier aspecto que quieras concretar en la alianza. Ofrecer una información clara y en un lenguaje accesible para resolver las dudas que pueden tener los clientes al inicio del proceso.

Ser fiel a los principios fundamentales de tu profesión, poniendo en práctica valores de respeto y escucha activa. Establecer un vínculo profesional con cada cliente. La deontología te inspira para ser un buen experto. Así como en los inicios de tu carrera tú pudiste tomar como ejemplo el modelo de un coach veterano, ahora tú puedes inspirar un ejemplo ético a otras personas que buscan un espejo en el que mirarse. Esta actitud no tiene nada que ver con la vanidad. Sino con la autoconciencia  de saber que tu ejemplo puede ayudar en positivo no solo a otras personas, sino también, a ti mismo. Ya que la práctica de la virtud solo se perfecciona a través de la constancia en este hábito.

Ser ético significa asumir que tus acciones tienen consecuencias. Pero lo más importante de todo, recuerda que la ética debe vivirse como un fin en sí mismo. Es decir, no como un medio con una visión utilitarista. La confianza no se impone sino que se inspira. Y el mejor modo de inspirar confianza es ser ético en tu vida y en el trabajo. Un reto diario para coaches vocacionales.

 

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