Ante la pregunta de qué es coaching, podemos aportar multitud de respuestas. Sin embargo, sea cual sea la respuesta que demos, lo más importante es que en estos momentos de inestabilidad, de incertidumbre política y de transformación social, el coaching esté a la altura de las necesidades de la sociedad y de las personas que la integramos.

El exceso de competitividad y de individualismo nos han traído a donde estamos. Ideas como lo quiero todo, lo quiero ya, y además sin esfuerzo y sin hacerme cargo de las consecuencias de mis acciones, han insensibilizado a una sociedad que se echa las manos a la cabeza cuando se encuentra con los resultados de lo que lleva décadas sembrando.

Y llegados a este punto ¿cuál es la solución? ¿qué teclas tocar para iniciar el cambio? En Crearte sabemos que el cambio que queremos ver fuera solo es posible si parte del interior de cada uno de nosotros, y no al revés. Si deseamos una sociedad mejor, en la que primen el entendimiento, la compasión, la colaboración, la paz, la responsabilidad política, económica y social, la preocupación por el planeta y por las generaciones fututas, y tantas otras cosas, el cambio debe partir de cada uno de nosotros.

No pretendamos que los demás cambien si nosotros no estamos dispuestos a hacer el esfuerzo que la transformación individual conlleva. Como dijo Mahatma Gandhi “sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”. No hay otra norma. Es así de sencillo y de complejo a su vez. Y no hablo de que sea complejo porque realmente sea difícil, sino porque supone un ejercicio de compromiso y de responsabilidad individual con nosotros mismos y con la sociedad de la que formamos parte. Ya trabajemos como políticos, fontaneros, profesores, taxistas, peluqueros, agricultores o médicos, ya seamos estudiantes o nos ocupemos del cuidado de otras personas, de todos y cada uno de nosotros se requiere lo mismo. Que dejemos de culpabilizar, que dejemos de buscar chivos expiatorios y responsables fuera de nosotros mismos, y que miremos hacia dentro y nos ocupemos de lo que realmente importa. De nuestra transformación individual.

Una transformación que implica que nos miremos al espejo y asumamos un compromiso interno. El compromiso de vivir despiertos, de ser conscientes de nuestras acciones y de la semilla que dejamos a nuestro alrededor, en nuestras familias, en nuestro entorno de trabajo, en nuestra comunidad, en el planeta, y que actuemos en consecuencia.

A nuestro alcance hay muchas maneras para iniciar este camino de transformación, y el coaching debe ser una de ellas. Para ello trabajamos en Crearte.

Simplificando mucho podemos definir el coaching como un proceso personalizado y confidencial a través del cual guiamos a las personas, los equipos y las organizaciones, a encontrar y a gestionar los cambios necesarios para alcanzar sus metas. Sin embargo, no se trata de guiarles de cualquier modo. En coaching acompañamos procesos de transformación de un modo muy especial, porque un coach alumbra pero no dirige, un coach acompaña a elevar el nivel de conciencia de sus clientes, pero no indica qué hacer o no hacer. Y ésta es la principal dificultad y a su vez una de las mayores riquezas del coaching como herramienta de transformación individual y social.

La capacidad de darnos cuenta de lo que nos ocurre y el hecho de plantearnos un proyecto de vida, son inherentes a la reflexión que las personas realizamos durante un proceso de coaching.

Y es que coaching es mucho más que un proceso para lograr objetivos, coaching es descubrimiento, conciencia, libertad, confianza, responsabilidad, oportunidades, aprendizaje. Coaching es en definitiva conectar con quiénes somos realmente, tomar las riendas de nuestra vida, marcar un rumbo y caminar hacia él despejando el camino de los obstáculos que vamos encontrando a nuestro paso y creciendo mientras andamos, conscientes de dónde estamos en cada momento, de las elecciones que hacemos y no hacemos, y de cómo éstas nos afectan y afectan a nuestro entorno, a la sociedad.

Y esto no siempre es fácil por muy positiva que sea nuestra visión de la realidad. Aunque afirmo que el premio de reencontrarse con uno mismo compensa con creces cualquier esfuerzo que decidamos realizar.

Y todos los que somos coaches y más aún los que formamos a otros para que lleguen a convertirse en coaches, como lo hacemos en Crearte, somos responsables con nuestro propio ejemplo.

Somos responsables de la progresión y de la evolución de esta maravillosa profesión, de su sostenibilidad y de la contribución que desde ella podemos hacer a los demás y a la sociedad. Y esta responsabilidad, que es un privilegio, requiere de un ejercicio de coherencia y de profesionalidad. Pues para guiar a otras personas, previamente hemos de ser capaces de guiarnos a nosotros mismos en medio del caos que muchas veces hay a nuestro alrededor.

Se ha acabado el tiempo de poner parches, el tiempo del coaching que solo ayuda a generar cambios remediativos que nos permiten “ir tirando” para encontrarnos con la misma insatisfacción a la vuelta de la esquina.

Para ello en Crearte apoyamos a nuestros clientes en su desarrollo interior como motor de cambio individual y social. Y es por ello que el coaching está transformándose a sí mismo, y que los coaches podemos y debemos acompañar este cambio que la sociedad y las personas necesitamos.

Y ¿cómo hacerlo? obviamente una buena y sólida formación en coaching, acreditada y con muchas horas de práctica son necesarias, pero no son suficientes. Debemos previamente encontrar ese espacio para ser auténticos, y desde ahí desarrollar nuestras competencias y nuestra capacidad de estar presentes con nuestros clientes, de acogerles desde una apertura total que implica a nuestra mente, a nuestro corazón y a nuestro alma.

Debemos SER con mayúsculas para acompañar a los demás a encontrarse y a conectar con su esencia para estar más satisfechos y dirigir sus propias vidas de forma consciente.

 

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