¿Qué es la claridad?

Cada uno de nosotros ha de encontrar su propia respuesta, y en esa búsqueda el coaching puede tener un lugar muy importante.

Hemos de ser conscientes de que la claridad no llega para ordenarlo todo fuera, sino para alinearlo todo dentro. Es aquel instante en el que dejamos de buscarnos y empezamos a reconocernos.

Si observamos como se relaciona esta palabra con las metas que cada uno tiene, podemos ver que la claridad es ese elemento intangible que sostiene los logros que alcanzamos en cualquier área de nuestra vida; es ese momento en el que todo empieza a ordenarse por dentro y sentimos esa conexión profunda con quienes somos. Es ese punto de apoyo interno desde el cual podemos avanzar con coherencia, seguridad y dirección. Sin claridad, incluso los mayores esfuerzos pueden sentirse vacíos y desordenados; la claridad permite que cada paso que se va dando cobre un sentido en el camino que se está recorriendo.

Muchas personas, cuando llegan a una sesión de coaching, mencionan la palabra “claridad” como el principal resultado que desean obtener. Detrás de esa palabra suele haber una sensación de confusión, de bloqueo o de desconexión con lo que realmente quieren. Por eso, considero que uno de nuestros roles fundamentales como coaches es acompañar a la persona en ese tránsito que va desde la confusión hacia su propia claridad.

¿Cómo se construye?

A través del coaching, la claridad se construye paso a paso. Nace de preguntas poderosas, de espacios de reflexión, de silencios y de profundas tomas de conciencia. Es un camino a través del cual la persona va descubriendo sus propias respuestas y reconecta con su verdad interna.

De hecho, este cambio en el coachee se observa en su lenguaje. Poco a poco, expresiones de duda como “tal vez”, “creo que” o “no estoy seguro” empiezan a transformarse en palabras más conscientes como “quiero”, “elijo”, “decido”. Este cambio no es solo lingüístico; es la manifestación de un verdadero cambio de paradigma interno. La persona suelta la duda y empieza a reconocerse como creadora de su realidad y a moverse desde su responsabilidad.

Cuando la claridad y la conciencia llegan, a través del coaching se da un paso más allá. Se pasa del plano de las ideas y de la abstracción al plano concreto. De hecho, la claridad que no se traduce en acción se queda en reflexión. Y aunque reflexionar es necesario, llega un momento en el que la claridad pide cuerpo: una decisión, una fecha, un primer paso. No grande, no perfecto, solo real. Y es a través del coaching que se puede trabajar en la definición y fijación de metas, objetivos y acciones alienadas con esa nueva visión. Se trata de redefinir desde qué lugar interno establecer un nuevo camino para llegar a vivir la vida de la manera que cada uno quiere.

Desde ese lugar interno, la claridad actúa como una lupa. Permite filtrar lo que queremos, simplificarlo y darle una forma que sea coherente con la realidad que tenemos y que queremos vivir. No se trata de perseguir cualquier objetivo, sino de elegir aquellos que están alineados con nuestros valores y que respetan nuestros tiempos, nuestra energía y nuestro momento vital. Una meta clara no es la que suena bonita, sino la que resuena en el cuerpo, la que se siente posible y, al mismo tiempo, lo suficientemente significativa como para sostenerla en el tiempo.

Muchas veces confundimos claridad con perfección. Creemos que para avanzar primero debemos tenerlo todo resuelto, todas las respuestas claras, todas las dudas despejadas. Pero la claridad no exige seguridad absoluta, exige honestidad. No aparece cuando todo está controlado, sino cuando aceptamos que no lo estará. Aun así, elegimos avanzar desde lo que hoy sabemos y sentimos. Y es ahí donde la vida nos acompaña, donde nos invita a movernos desde un lugar que es simplemente coherente con quienes somos en ese momento, aceptando los recursos y capacidades reales que tenemos y permitiéndonos el tiempo necesario para desarrollar los que aún no poseemos para conducirnos a ese nuevo punto vital que nos hemos prefijado.

Claridad y acción

Desde esta conciencia, el coaching acompaña a traducir la visión en dirección. Las metas dejan de ser ideas abstractas y se convierten en decisiones concretas. Decisiones que implican decir sí a algunas cosas y, inevitablemente, decir no a otras. Cada objetivo implica un precio emocional, energético y práctico, y la claridad permite decidir si estamos dispuestos a asumirlo.

La acción consciente no nace de la exigencia, sino de la coherencia. No es empujarse a hacer, sino responder a lo que ya sabemos internamente. Es comprender que avanzar no significa hacerlo todo rápido, sino hacerlo desde un lugar honesto. A veces será un paso firme, otras veces un paso pequeño, pero siempre alineado. Y eso cambia completamente la experiencia del camino.

Además, cuando una meta nace de la claridad, la persona deja de sentirse en lucha constante. Aparece una sensación de responsabilidad serena: yo elijo esto, yo sostengo esto, yo me hago cargo de este proceso. No porque sea fácil, sino porque tiene sentido. Y cuando algo tiene sentido, la motivación se vuelve más estable y la confianza empieza a construirse desde dentro.

Así, la claridad se traduce en dirección, la conciencia en coherencia y la intención en movimiento. El proceso de coaching no solo acompaña a la persona a entenderse mejor, sino a diseñar su camino con presencia, realismo y respeto. No se trata de forzar la vida, sino de dialogar con ella desde un lugar más adulto, más honesto y consciente.

En ese punto pasamos de ver y sentir la claridad en la mente a vivirla y sentirla en nuestras vidas a través de la experiencia.

Porque cuando una meta nace de la claridad, deja de ser una presión externa y se convierte en una expresión auténtica de quiénes somos y de la dirección que elegimos para nuestra vida.

 

Diana Pérez Corradini.

Practitioner PNL.

Acompaña a personas que desean desarrollar mayor conciencia y claridad en su relación con el dinero y con sus emociones. Su enfoque integra el crecimiento personal y financiero, ayudando a crear decisiones más conscientes, metas alineadas con los valores y una vida más equilibrada y auténtica.

 

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