En un proceso de coaching, los clientes toman conciencia de pensamientos automáticos que tienen tan interiorizados que, parecen como una segunda naturaleza. Sin embargo, no son pensamientos instintivos sino aprendidos, a fuerza de la costumbre.

Este tipo de pensamiento muestra una frase específica y concreta. Una idea que puede ser irracional y, sin embargo, nos condiciona porque la tomamos como verdad.

En la lista de pensamientos automáticos podemos incluir aquellas ideas de valor absoluto, con cierto tinte dramático que, cuando nos las decimos a nosotros mismos, nos generan una carga de negatividad, estrés y miedo. De hecho, existe una relación directa entre este tipo de automatismos y el temor que nos lleva a sufrir por algo que no ha pasado todavía (y puede que nunca se produzca). Sin embargo, las emociones desagradables y las sensaciones molestas que experimentamos como consecuencia de estos pensamientos automáticos sí son muy reales.

Otra de las características de este tipo de pensamiento es que nos resulta difícil controlarlo a nivel de voluntad. Es decir, es una idea que surge de forma repentina e inesperada. Sin embargo, salta en tu mente en situaciones que tienen alguna característica en común. Por ejemplo, una persona condicionada de forma negativa en el amor con pensamientos del tipo “todos los hombres/mujeres son iguales”, “tengo una edad y he perdido mi último tren”, “nadie se fija en mí”, “todos tienen suerte menos yo”… En definitiva, este tipo de pensamientos brotarán en aquellas situaciones vinculadas con la posibilidad de la ilusión del enamoramiento.

Como muestran los ejemplos de frases enumeradas en el párrafo anterior, este tipo de ideas son breves, sin embargo, cada palabra es una losa, pesa toneladas sobre el alma. Con mensajes de este tipo, pisamos nuestra autoestima. Una de las palabras frecuentes en los pensamientos automáticos es el “debería”. Mensajes que vienen de la mano del perfeccionismo y son un machaque psicológico que nos lleva a creer que no estamos a la altura de las circunstancias. Pensamientos que, por tanto, también incrementan el sentimiento de culpa de no haber cumplido con un propósito determinado.

¿Cuál es el peligro de este tipo de pensamientos grises y oscuros? Que son como la punta de un hilo de la que comienzas a tirar y surge toda una secuencia de hechos imaginados que, evidentemente, tienen el mismo tinte gris. A partir de estas ideas, la persona interpreta desde este filtro la realidad. Y a partir de la subjetividad y de este foco distorsionado, la mente se reafirma en una tesis a través de los datos que encajan con esta hipótesis. Sin embargo, no hace el mismo caso a aquella información que pone a prueba su propia teoría.

Los pensamientos automáticos duelen, invaden la intimidad de nuestra conciencia en el momento más inesperado. Evidentemente, podemos hacer algo para poner remedio a este conflicto interior. El trabajo personal propio de un proceso de coaching que hunde sus raíces en el autoconocimiento es una medida de bienestar para sumar luz. Y me gustaría puntualizar que, en ocasiones, un solo pensamiento automático pero muy negativo y repetitivo puede generar un gran veneno emocional. Por tanto, identificarlo y superarlo es una terapia necesaria para abrir nuevas puertas.

Lo más probable es que, en todo proceso de coaching, orientado a un objetivo específico, el cliente identifique algún tipo de pensamiento repetitivo en su vida puesto que como seres racionales, interpretamos la realidad constantemente.

Muchas gracias por visitar el blog de Crearte, tu escuela de coaching. Al hilo del tema de este artículo te animo a realizar el ejercicio de escribir en una libreta aquellas ideas que producen un efecto martillo en tu mente. ¿Por qué es tan importante hacerlo? La relación que tienes contigo mismo es la más importante de tu vida. Y el diálogo interior es un reflejo de este vínculo permanente.

A continuación, te propongo una lista de pensamientos positivos que, pueden servirte de inspiración, para integrar en tu alfabeto emocional. Ideas que, a diferencia de los pensamientos automáticos, por mucho que te los digas, no producen ningún tipo de efecto secundario adverso: “La vida es bella“, “Quiero ser feliz”, “Me gusta mi vida”, “Hoy me siento bien”, “Hoy decido sonreír”, “Gracias vida por tanta belleza”, “El ahora es mi regalo”. La poesía es un arte especialmente propicio para expresar en versos breves, ideas llenas de belleza anímica.

Del mismo modo, también te animo a escuchar canciones pegadizas con letras vitales porque tararear este tipo de letras a partir del efecto contagio de la energía positiva, es una fórmula sencilla y útil para romper con el disco rayado del “no puedo”.

Como lectura de verano, te recomiendo el libro “El arte de no complicarse la vida”, escrito por Alfonso López Caballero, Doctor en Filosofía. Un libro con un contenido útil y práctico que puede ayudarte a tomar conciencia de cómo, en muchas ocasiones, tú mismo pones freno a tu felicidad a través de tus actitudes.

 

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